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La universidad más antigua del mundo en Fez: FUE FUNDADA POR UNA MUJER MUSULMANA

Primera universidad del Mundo la Fundó Mujer Fatima al-Fihri

 

 

 

 

 

 

 

Cuando la refugiada  Fatima al-Fihri fundó la Universidad de Qarawiyyin en el año 859 después de Cristo, el mundo musulmán se hallaba al inicio de los cinco siglos que duró la Edad de Oro Islámica. Resplandeciente con sus mosaicos geométricos, actualmente se erige como la universidad en activo más antigua del mundo, situada en medio de un laberinto de mugrientos callejones en la ciudad marroquí de Fez.

Qarawiyyin se enorgullece de haber sido pionera en desarrollar punteros avances científicos, matemáticos y filosóficos a través de sus enseñanzas centradas en el Islam en un momento en el que Europa se adentraba en la Edad Oscura del medievo. También es una de las pocas universidades del mundo fundadas por una mujer. Entre sus alumnos más notables se encuentran el filósofo judío Maimónides, el filósofo musulmán Ibn Rushd y el Papa Silvestre II, de quien se afirma que introdujo los números arábicos en Europa tras pasar allí una temporada en el siglo X.

Es curioso cómo mil años pueden arruinar una reputación. A pesar de haber sido fundada por una mujer hace unos 1.157 años, Qarawiyyin no ha aceptado un número significativo de estudiantes femeninas hasta hace poco. Para muchos, la imagen pública tan negativa que ostenta ahora mismo el Islam en Europa a menudo procede de la situación que viven las mujeres en los países musulmanes.

Broadly habló con algunas estudiantes femeninas de su principal departamento de sharia islámica sobre su experiencia en Qarawiyyin y sobre la educación en Marruecos.

Ilhem Ibrahim, de 22 años de edad, afirma ser la primera mujer de su familia en ir a la universidad, «no porque se aparte a las mujeres de los estudios, sino porque la tradición dictaba que las mujeres debían estudiar hasta los doce años y después casarse. Ahora esto solo se ve en las zonas rurales y en las montañas».

«Fatima tenía una buena educación y era rica», explica. «Llegó a Fez y entregó el dinero de su familia a Alá construyendo la universidad y ayunando durante los 18 años que tardó en construirse».

En los años posteriores a la independencia de la Francia colonial en 1956, la escolarización se hizo obligatoria en Marruecos y la asistencia de los niños pasó de una tasa del 17 por ciento a alcanzar el 85 por ciento, pero a pesar de las constantes iniciativas del gobierno, la tasa de abandono escolar es  muy elevada y casi una de cada dos mujeres sigue siendo analfabeta. En algunas zonas rurales, donde nueve de cada diez mujeres son analfabetas, ir al colegio no les compensa a nivel económico.

La mayoría de estudiantes de Qarawiyyin siguen siendo hombres, pero Ibrahim afirma que no está especialmente orgullosa de ser una estudiante mujer. «No creo que yo me enfrente a más dificultades por ser una mujer; hay más hombres, es cierto, pero no deja de ser una opción», indica.

Asmaa, de 20 años de edad, no ve sus estudios en Qarawiyyin como una opción. «Alá me guio para que estudiara la sharia y gracias a dios me gusta. Ahora deseo enseñar la sharia, pero también podría usarla para trabajar en temas de justicia o temas comunitarios, existen muchas oportunidades».

Aunque Asmaa también es la primera mujer de su familia en ir a la universidad, afirma que actualmente el éxito de sus compañeras femeninas en Qarawiyyin solo depende de su ambición. «Las mentalidades van cambiando, yo quiero hacer algo con mi vida y mi familia me apoya», dice.

Los ‘fasíes’ tienen reputación de eruditos en todo Marruecos. Los hijos y las hijas culturalmente dotados de Fez se enorgullecen de su antigua capital y siguen asumiendo papeles de liderazgo en el gobierno y en la sociedad, a pesar de que Francia desplazara la sede gubernamental a Rabat en 1912.

Esta reputación también explica algunas de las anomalías en lo que respecta a la educación femenina en la ciudad. Jihad, estudiante de Qarawiyyin de 20 años de edad, afirma que su madre y su abuela ya fueron a la universidad antes que ella. «Era algo muy inusual, pero mi familia siempre ha tenido una mente abierta. La primera palabra que Alá dijo al profeta fue ‘Iqra’[lee]… En realidad yo quería estudiar económicas, pero esa universidad estaba llena así que vine aquí».

Apartando con la mano las abejas de su taza de té en las instalaciones del Club de Profesores de Fez, la profesora Rabiya Musi está de acuerdo con que la historia de la ciudad es única: «Estamos muy orgullosos del historial cultural que tenemos aquí, por eso las mujeres, quizá a diferencia de lo que sucede en otros lugares, forman parte del mundo académico».

En Marruecos, en lo que respecta a los problemas sociales, la ocupación francesa sale con frecuencia a colación y demuestra el profundo impacto que los marroquíes creen que tuvo en el país. Entre 1912 y 1956, el control francés bajo una mission civilisatrice trajo la ‘cultura’ a Marruecos al tiempo que exportaba los beneficios económicos para llevarlos de vuelta a sus tierras. A pesar de haberse librado del yugo imperial hace sesenta años, los estudiantes universitarios se someten a un examen de bachillerato centrado en el modelo de Francia, el francés es el segundo idioma del país y la educación superior se imparte predominantemente en esa lengua.

Durante el período colonial, los franceses se implicaron en los asuntos de Qarawiyyin por la influencia política que ejercía y trataron de reformar su estructura para reforzar su dominio sobre Marruecos. Tras la independencia, la universidad pasó de depender del Ministerio de Asuntos Religiosos a depender del Ministerio de Educación y los estudiantes empezaron a exigir que se incorporaran elementos modernizadores como que hubiera pupitres en lugar de alfombras.

«Hasta la independencia solo se impartía educación religiosa y no fue hasta tiempo después que los marroquíes empezaron a estudiar otras materias de forma generalizada», afirma la cineasta Merieme Addou. «La Universidad de Qarawiyyin es un buen ejemplo de ello: si te licenciabas allí se te consideraba una persona culta y podías alcanzar un nivel elevado en la sociedad. Ocasionalmente alguna mujer estudiaba en Qarawiyyin, pero cuando decimos que alguien tenía una buena educación, significa que conocían el Corán y todo lo relativo a la religión, quizá un poco de astronomía y también algo de matemáticas».

Sin embargo, algunos de los cambios más destacables en la educación de las mujeres han tenido lugar en fechas más recientes. Estos cambios demuestran cómo las mujeres marroquíes están empleando ahora la educación islámica como vehículo para avanzar en sus derechos y su estatus social.

Addou produjo el año pasado una película titulada Casablanca Calling que trataba sobre el mourchidat, un nuevo título establecido por el gobierno en 2006 para las mujeres musulmanas con estudios que deseen liderar la vida religiosa de la comunidad. A pesar de que se considera una iniciativa gubernamental para promocionar su nueva marca de ‘Islam moderno’, es un concepto bastante radical.

«Ahora pueden hacer todo lo que hacen los imanes masculinos, además de dirigir los rezos, como por ejemplo ofrecer consejo personal y religioso o entrar en la parte de la mezquita destinada exclusivamente a los hombres. Por primera vez en un estado musulmán, las mujeres pueden ser líderes religiosas oficiales», explica Addou a Broadly.

Aunque todos estos avances proceden del gobierno, El-Haitami, estudiante de Yale, afirma que ofrecen una nueva plataforma de influencia para que las mujeres musulmanas mejoren su posición en la sociedad. Convertirse en respetadas autoridades religiosas las sitúa en una posición de liderazgo desde la que pueden reconsiderar el pensamiento islámico, cambiar las dinámicas de la estructura social y contribuir más ampliamente a la prosperidad social de las mujeres. «Definen un nuevo modelo de activismo dirigido a contribuir en la reforma social mediante la divulgación de los valores religiosos», escribe El-Haitami para OpenDemocracy.

Lo que queda por ver es qué impacto duradero ejercerán estas mujeres musulmanas con estudios en la sociedad marroquí.

«Francia ralentizó el desarrollo del país y detuvo el cambio», afirma Ilhem, estudiante de Qarawiyyin. «La ocupación suprimió durante generaciones lo que Marruecos ha conseguido en los últimos cien años. El problema es que en el colegio debemos hacer el examen de bachillerato, todavía queremos estudiar en Francia. Debemos dejar de seguir a Francia en lo referente a la cultura y labrar nuestro propio camino».

broadly.vice.com

Cuando la refugiada  Fatima al-Fihri fundó la Universidad de Qarawiyyin en el año 859 después de Cristo, el mundo musulmán se hallaba al inicio de los cinco siglos que duró la Edad de Oro Islámica.