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Psicología: ¡LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR, UNA ENFERMEDAD!

Esta sociedad requiere de una transformación de fondo y para ello es necesario un cambio interior, una modificación en las historias de vida venideras que permitan contar con una sociedad mucho más sana y justa, que aprenda a comunicarse y a respetar la dignidad del otro, aún si se piensa de forma diferente.

 

 

 

 

 

 

Ana Bolena Zota Mórales

Psicóloga

Especial 

Una persona que ha sido víctima de algún tipo de violencia, sin importar a que edad haya pasado este hecho, empieza a vivir una vida que se mantiene en ese presente del evento que le ocurrió; ahora bien, si es una violencia continua, recurrente y que día a día se va haciendo más fuerte; se puede llegar a vivir de alguna forma el síndrome de Estocolmo (enamorarse de su secuestrador).

Si bien es cierto, una persona víctima de violencia intrafamiliar no está retenida por la fuerza necesariamente, si se da la manipulación y la presión psicológica para controlar las actuaciones del otro, incluso se encuentran casos en los cuales se controlan hasta los pensamientos, ya sea por represión o minimizando al “amado”.

En algunos de los casos que llegan a los consultorios de Psicología o a las Comisarías de Familia se identifica que estas parejas permanecen en un enamoramiento de una pareja que le genera maltrato intrafamiliar, pero que no necesariamente, es la primera persona que le ha violentado; ya que en la entrevista se logra identificar que se busca rodearse inconscientemente de este prototipo de personas: personas que le utilicen, le violenten, le prometan que no lo volverán a violentar; sin embargo, se repetirá una y otra vez el acto de violentación contra su persona, contra su integridad. Son historias tan comunes, en las cuales en su mayoría han sido naturalizados estos actos por la persona que recibe el maltrato e incluso se convence de que no volverá a pasa

Es importante comprender que este tipo de situaciones no hacen parte de una clase social, se hacen presentes en las condiciones menos insospechadas, se perpetúan hasta en el universo laboral y es que, hasta se buscan trabajos que esclavicen y vulneren derechos o prototipos de jefes que representen este tipo de figura dominante que ha existido en su vida.

Por esta razón, muchas de las personas que han sido violentadas, quieren tomar justicia por su propia mano, pero este tipo de solución es algo temporal e insuficiente, ya que el dolor, la rabia se hacen presentes; se apoderan de los más íntimos sentimientos y se convierten en potenciales generadores de violencia de personas, sobre todo en los niños, ya que son más indefensos que ellos.

Pero, ¿Qué puede cambiar esta realidad? El primer paso es el reconocimiento de que somos producto de un acto de violencia; es importante hacer un alto en el camino, pensar de qué forma se están desarrollando las formas relacionales. A veces un texto, alguna reflexión, algún comentario de un amigo o cercano permite entender que esta realidad de vida personal es similar a lo expresado.

La opción sensata es buscar ayuda profesional, permitirse la posibilidad de sanar, del recuerdo, del dolor, y de esa cadena del pasado. Esto requiere de compromiso, porque la naturalización de la situación hace que en algunos de los casos se desista del tratamiento. Algunas de las personas consideran que nada les puede quitar su dolor, o consideran que hablar de ello, lo único que logra es que se incremente la rabia y el resentimiento. Aquí lo importante, es identificar la necesidad de sanar en el interior, encontrar el deseo de liberación de una carga ajena, comprender que al perpetuar el dolor o la rabia que este tipo de eventos,  lo único que se logra es generar ondas de dolor mucho más profundas, que afectan a su grupo familiar y a todas las personas que le rodean.

El promedio de recuperación en este tipo de lesiones emocionales es de un alto porcentaje, en la medida en que la persona decida reconocer que necesita ayuda profesional idónea y aceptar su proceso terapéutico que le permita sanarse, perdonar y perdonarse. La victima de la violencia intrafamiliar lleva a sus espaldas a su victimiario, tanto que lo replica de diferentes formas en su vida cotidiana.

Es importante que cada uno de los lectores, analice su historia de vida, busque en qué momento se han generado situaciones de violencia intrafamiliar en sus vidas, si logran ubicar una situación de este tipo, acepten que lo viven y busquen ayuda terapéutica.

Esta sociedad requiere de una transformación de fondo y para ello es necesario un cambio interior, una modificación en las historias de vida venideras que permitan contar con una sociedad mucho más sana y justa, que aprenda a comunicarse y a respetar la dignidad del otro, aún si se piensa de forma diferente.

En las manos de cada uno de los lectores, está la responsabilidad de sus vidas y de la forma como desean continuar construyendo esta sociedad.