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ERRORES DE UN PRESIDENTE MULTIPLICADOS COMO PECES

Nicolas-Maduro

Jairo Cala Otero

Especial para Primicia

Son tan repetitivos ─y sin corrección alguna─ los errores idiomáticos en los que incurre Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, que pasarlos inadvertidos sería como esconder la cabeza en arena; o soslayarlos, en un gesto de inmensa caridad cristiana para no sumarse a los miles de mortales que, sin ser avezados lingüistas ni estar dedicados a la enseñanza del español, levantan su voz correctora cada vez que el sucesor del teniente coronel Hugo Chávez Frías mete la pata. (En realidad, ¡la que mete mal es su lengua por no conectar su cerebro!).

Por calcar el estilo con que se expresaba el muerto, Maduro tiene varias y peculiares formas de «agredir a mansalva y sobreseguro» la prístina lengua cervantina. Comenzó con las catilinarias del socialismo del siglo XXI, y con ellas arrastra el bobalicón desdoblamiento de las palabras masculinas y femeninas en casi todas las oraciones que pronuncia. Nadie, seguramente, le ha dicho que comete tamaño error e incurre en enorme «oso» cuando dice «las venezolanas y los venezolanos»; «los y las combatientes de la revolución», entre otros no menos aspaventosos vocablos con los que él y muchos de sus émulos pretenden cambiar de tajo la lingüística del castellano, con el peregrino argumento de que se debe «implantar la igualdad de géneros».

Se nota que nadie se ha dignado enseñarle al señor Maduro que no puede haber «igualdad de géneros» si se los confunde con «igualdad de sexos», que es abismalmente distinto. Porque no son las palabras las que discriminan (según la perorata reivindicatoria), sino las personas y sus sitemas de vida; y porque, como se ha anotado tantísimas veces (sin que los necios quieran escuchar), las palabras no tienen sexo, sino género; y las personas no tenemos género, sino sexo. Simple, pero no lo entienden; o mejor, se niegan a entenderlo.

Algunas de las erróneas y ridículas invenciones «idiomática» de Maduro, son las que siguen:

«Venezuela tiene millones y millonas de combatientes» (08 de agosto/13), que le valió no pocas manifestaciones de burlas y risotadas públicas de millones y millones de otros mortales, por todos los medios posibles.

Para, quizás, aumentar su empeño de alcanzar el récord como el presidente latinoamericano que peor habla, Maduro dio de qué hablar (dio papaya, dicen los muchachos) al utilizar la palabra ‘penes’ en vez de ‘peces’, en un vano intento por citar la conocidísima sentencia bíblica de la multiplicación de los panes y los peces por Jesús de Nazaret: «Así como Cristo multiplicó los penes, hay que multiplicar la educación».

Lo dijo al referirse a la intención de su gobierno de aumentar su presencia educativa en el país, «escuela por escuela, liceo por liceo». Buen candidato es él mismo para comenzar tan importante cruzada educativa. Las matrículas quedan abiertas, pues. ¿Él se atreverá a ser el primero en inscribirse?

Claro, aquella descachada clasifica en la casilla de lapsus linguae, fenómeno que consiste en pronunciar mal un vocablo aunque se sepa cuál es su pronunciación correcta. Pero aunque el presidente venezolano rectificó enseguida, los cibernautas ─ácidos y sentenciosos─ le cayeron encima a los pocos segundos para burlarse de esa otra salida en falso.

No menos absurda fue la afirmación de que «un pajarito chiquitico» lo había bendecido, recién asumió su cuestionada Presidencia; y comparó esa presencia avícola con el espíritu del desaparecido Chávez, que iba ¡a brindarle guía y luz para su mandato! Y en posteriores ocasiones ha pregonado que el muerto se le aparece sonriente. ¡Vaya «genialidad» para disfrazar el despiporre de Venezuela!

Concursa con las anteriores la otra afirmación «científica» según la cual él tiene la «convicción» de que al fallecido gobernante Hugo Chávez le «inocularon» el cáncer que le causó la muerte el 05 de marzo de 2013 (eso dijeron, no se sabe la verdad). ¡Vaya descubrimiento! Como para premio Nobel de Medicina…

Ante todas esas descabelladas mentalizaciones convertidas en palabras, que miles de personas escuchan, es elemental que uno se pregunte si, acaso, en la Presidencia de Venezuela no hay nadie que sepa un poquito de gramática y fonética española; y un poquito de cultura general, para que se las transmita al exconductor Maduro a fin de que enderece el chasis de su torcido lenguaje.

Si sigue así, junto con su colega de Bolivia, Evo Morales (que se enorgullece de odiar los libros), va a terminar fundando lo que podría llamarse la Academia del Ridículo Español ─ARE─.