Los devotos pagan cumplidamente, ya que si no lo hacen pueden ser atormentados por Satanás, o la Gran Bestia, que en medio de niebla y truenos se le puede aparecer al moroso.
Reinel Gutiérrez
Columnista
Primicia
Las sagradas escrituras no resuelven satisfactoriamente el interrogante de, cuánto necesita el Señor.
La inquietud es válida ya que por miles de años, los fieles creyentes hacen sus aportes, y el Vaticano está atestado de dinero, mientras que los promotores de otras sectas, depositan los diezmos en los bancos de distintos países.
Los devotos pagan cumplidamente, ya que si no lo hacen pueden ser atormentados por Satanás, o la Gran Bestia, que en medio de niebla y truenos se le puede aparecer al moroso.
Para evitar un diabólico relincho en la nuca, o sentir el sonido de los cascos cuando se aproxima el demonio a la casa, es mejor pagar a tiempo. Se dice que en la vida eterna también funciona data crédito, y puede ser reportado, y esa lista negra es la que toma el diablo para sus funestas tentaciones.
La gente humilde siempre le pide al Ser Supremo que le haga ganar la lotería, pero eso no es prudente, porque equivale a exigirle que le devuelva los diezmos.
El día que se sepa que los aportantes ya cumplieron con la cuota, y que el Señor ya no necesita más dinero, no se volverá a cobrar en los templos.