Los indígenas congresistas empotrados en el poder, ya no se quieren bajar, y dejaron atrás las costumbres, colgaron el anaco, el sombrero, la ruana, y cambiaron el artesanal bastón de mando, por el poder del dinero, la buena vida y la figuración.
Reinel Gutiérrez
Primicia- Popayán
El viejo, conocido y maquiavélico concepto, «divide y reinarás» ha sido aplicado con éxito en todas las situaciones, sobretodo de carácter político y militar.
Es tan provechoso que se usa en relaciones sentimentales y familiares y también da resultado. El establecimiento gubernamental colombiano siempre le ha tenido terror al crecimiento unificado de algunas organizaciones, por cuanto pone de manifiesto un poder, que es peligro para la estabilidad vigente.
Los indígenas por muchos años han tenido esa unidad y muy fuerte porque se sustentaba en principios culturales, mitos, creencias, confraternidad, participación comunitaria, igualdad en ideologías y religiones.
Ha sido un muro difícil de demoler, pero gracias al misil «divide y reinarás», esa fortaleza indígena se ha visto debilitada.
Los dirigentes de los nativos han aprendido lecciones de los tradicionales caciques, (pero no esos de plumaje vistoso y cara coloreada), sino de los políticos, que sí saben cómo es el asunto, y entonces han aparecido jefes por muchos lados, todos aspirando en la campaña electoral.
Aquí sí se aplica el viejo refrán que dice, «mucho cacique y poco indio», y los intereses particulares han entrado a actuar. Ya muchos dirigentes se aburrieron de tener solo mando para preparar colectivamente la chicha en el resguardo, y saltaron largo, hasta llegar a las corporaciones públicas.
Empotrados allí ya no se quieren bajar, y dejaron atrás las costumbres, colgaron el anaco, el sombrero, la ruana, y cambiaron el artesanal bastón de mando, por el poder del dinero y la figuración. Le ahorraron un trabajo a quienes ostentan el mando nacional, que podrán seguir allí sin riesgo de ninguna clase.