Si Barranquilla, como dice la ONG Transparencia Colombia, representa una de las alcaldías con menores riesgos de corrupción en el país, ¿a qué le puede temer la administración distrital cuando se le habla del alto costo que tiene amasar una creciente tasa de inseguridad ciudadana?Cuando uno es transparente lo es para todos los efectos e incluso cordial para hablar con sus contradictores y en especial con quienes le hacen críticas constructivas, que en últimas se vuelven la mejor ayuda en el ejercicio de lo público, especialmente cuando los gobiernos terminan y se quiere salir dejando huellas imborrables.
Dije en mi columna la semana pasada que en Barranquilla «el fenómeno delincuencial es alarmante. El miedo de la ciudadanía no es rumor callejero, se evidencia en cada barrio, en cada casa o apartamento que uno visita en el norte, centro, sur, oriente y occidente de Barranquilla. Es un pánico generalizado el que se vive en la capital del Atlántico y su Área Metropolitana.»
Lo dije interpretando un sentir comunitario, lejos de querer molestar a la alcaldesa. Mi mensaje fue para ella, que es la cabeza, no para terceros ni para subalternos a quienes escasamente la alcaldesa conoce. Además, lo que manifesté es lo que aparece todos los días en los medios de comunicación, entonces porqué el funcionario de marras que me respondió no cuestiona esas informaciones.
Para ayudar a pensar en la inseguridad que nos golpea, más que criticar, hice las siguientes preguntas que repito: ¿Qué nos está pasando? ¿En dónde está el Comité Distrital de Orden Público? ¿Cuál ha sido el rumbo de la inversión social? ¿Se están investigando los orígenes de la ola criminal que nos azota? ¿Es gente de la ciudad y si es de aquí de qué barrios procede? ¿Cuál es la inteligencia que hacen los organismos de seguridad del Estado al respecto? ¿Por qué el 73 por ciento de los capturados a los pocos días está en libertad? ¿Quién se está equivocando en el manejo de la seguridad distrital?
Expuse e insisto en que la seguridad ciudadana es un tema de política pública, que va mucho más allá de la presencia de la Policía en las calles o de los operativos que oficiales y agentes efectúen para capturar bandidos e inescrupulosos asaltantes. En ese sentido el liderazgo lo debe ejercer la alcaldesa, quien no debería exaltarse ni terminar regañando y alzando la voz a la Policía en público. Nuestra respetuosa sugerencia es que convoque a todos los sectores con ella al frente, para que entre todos resolvamos los dos temas que más golpean la seguridad ciudadana: delincuencia y movilidad.
