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En Bogotá: LA IZQUIERDA PERDIÓ PORQUE EMPEORÓ LA VIDA URBANA

peatones (1)La violación de los derechos humanos en el transporte de los bogotanos fue uno de los errores que nunca corrigió la administración de Petro.

 

 

Carlos Vicente de Roux

Especial

 

El alcalde atribuye el fracaso de la izquierda el 25 de octubre a que la clase media salida de la pobreza, gracias a su gobierno, emigró hacia el consumo depredador y prefirió a la derecha. Se equivoca. Las causas están en otra parte

Gustavo Petro no para de dar sorpresas. Ahora se ha embarcado en una curiosa teoría para explicar la derrota que sufrió la izquierda en las elecciones del 25 de octubre. Según él, los últimos gobiernos han sacado de la pobreza a millones de personas y el de Bogotá Humana ha enrutado, además, a la ciudad hacia la prevención del cambio climático, pero la nueva clase media que han contribuido a crear se ha comportado de forma arribista, ha preferido un modelo económico y de vida que privilegia el consumo depredador y ha votado por la derecha.

Así, pues, según la visión de Petro, se hizo la tarea, que era la de luchar contra la pobreza y el cambio climático, pero los beneficiarios de esa obra no entendieron lo que estaba en juego. La culpa del fracaso electoral no es de la izquierda, es del arribismo de la nueva clase media, «la culpa es de la vaca».

Esta extraña argumentación hace agua por muchos flancos. Los tres últimos gobiernos de Bogotá ampliaron los programas sociales y los subsidios ya existentes, crearon más y le hicieron importantes innovaciones a otros, lo que ha tenido un impacto muy significativo en la reducción de la pobreza. Sin embargo, esa reducción se ha presentado en todo el país, como resultado del buen desempeño de la economía y, en segundo lugar, de la acción del gobierno nacional y los territoriales. De hecho, entre 2004 y 2014 la pobreza por ingreso cayó en el país y en Bogotá el mismo número de puntos porcentuales, y la multidimensional bajó varios puntos porcentuales más en el conjunto de Colombia que en la capital.

Claro que la situación de la ciudad era mucho mejor que la del país al comienzo del período, y se sabe que entre más positivo es un indicador social, más arduo resulta hacerlo avanzar. El impacto social diferencial de la acción de la izquierda es innegable, pero habría, pues, que examinarlo con más detenimiento.

En cuanto a la prevención y mitigación del cambio climático, la verdad es bastante más prosaica. En ese tema han sobrado los discursos y brillado por su ausencia las realizaciones. No se logró que la gente separara los residuos en la fuente, no se avanzó como se debiera en el rescate de los humedales y en la arborización, no se redujo la emisión de gases de efecto invernadero. La emisión anual per cápita pasó de 2.28 toneladas de C02 en 2008, a 2.50 toneladas en 2014. Se consiguió, sin embargo, levantar el perfil de los temas ambientales en la agenda pública y ciudadana.

En todo caso, el razonamiento del alcalde muestra algo más de fondo. Que al mirar la ciudad en cuanto espacio de acción de un gobierno progresista, solo la ve como un ámbito para dos cosas: la construcción de equidad vía servicios sociales y subsidios a los pobres, y el control de los efectos del cambio climático. Eso está bien pero se le olvida lo principal, que la ciudad es antes que nada un lugar físico y social donde vive, se moviliza, produce, se abastece, se educa, trabaja y se recrea un número de personas muy grande, en proporción al área que ocupa. Y que la primera obligación de las autoridades territoriales es esforzarse para que ese espacio físico y sus infraestructuras, y las relaciones que se desarrollan en él, sean amables, seguros, funcionales y estéticos, en beneficio no solo de los pobres, sino de toda la población.

Esto es algo que entienden perfectamente los ciudadanos de escasos recursos. Los programas sociales y los subsidios los favorecieron y los han llevado a reconocer y agradecer ciertas realizaciones de Bogotá Humana, pero no los han convertido en una base amplia y entusiasta de respaldo al alcalde, como lo mostraron las elecciones. Pero es que esa población también ha padecido el deterioro de Transmilenio, el mal servicio de los buses azules del SITP, el aumento de los hurtos a las personas (62% entre 2011 y 2014), la invasión del espacio público y la degradación de los parques y el mobiliario urbano. Esos sectores entienden, así mismo, las consecuencias del retraso en la construcción de infraestructura vial, de la falta de avance en el tema de la basura y del enredo causado alrededor del POT, para solo citar algunos problemas.

Aunque el Distrito hubiera funcionado como una canasta eficiente de redistribución de recursos hacia los pobres, y se hubiera moderado mucho la contribución de Bogotá al cambio climático, la gente seguiría descontenta con el retroceso en las condiciones de la vida urbana, y resuelta a castigar electoralmente a la izquierda. No fue, pues, el arribismo de la gente salida de la pobreza y su afán de instalarse en el consumo depredador, lo que explica los resultados del 25 de octubre. Fue la incapacidad de ese sector político y, en especial, de Petro y su gobierno, para entender lo que significa administrar una ciudad.

Ahora es de temer que una reacción frente a esas fallas eche para atrás los avances que trajo la izquierda en los temas sociales y ambientales. Habría que mantenerse activos y vigilantes ante ese riesgo, pero acompañando esa actitud de una posición autocrítica, que permita identificar los desaciertos en que han incurrido los últimos gobiernos, para definir caminos más pertinentes de acción política.

inseguridad (1)La inseguridad se tomó a Bogotá. El temor de la gente es generalizado.zombis 000La indigencia se instaló en todos los sectores de Bogotá. Las cifras indican que se multiplicó la pobreza en la capital del país.movilidad 12El caos de la movilidad en Bogotá es total.