El Plan Colombia significó el escalamiento masivo de la guerra en Colombia y representó la masificación de las Fuerzas Militares. Además es la demostración del carácter transnacional del conflicto y del servilismo del Estado colombiano, que se tradujo en la pérdida de hecho de la soberanía nacional.
Dick Emanuelsson
ANNCOL
Especial
El presidente Juan Manuel Santos viajó a Washington por invitación de bama para «celebrar 15 años de Plan Colombia». En el comandante de las FARC Jesús Santrich, resume tal Plan como un Plan de Guerra.

El presidente Juan Manuel Santos viajó a Washington a por invitación de Obama para «celebrar 15 años de Plan Colombia». En el comandante de las FARC Jesús Santrich, resume tal Plan como un Plan de Guerra.
Hace casi 15 años, más preciso el 16 de marzo 2000, tres altos funcionarios de USAID de la embajada estadounidense en Bogotá daban una exposición sobre el Plan Colombia. No voy a negar que me impresionaron en su intento de convencer a su público de la Universidad Javeriana en Bogotá.
¿Cuál es su conclusión y saldo social, político militar de los 15 años de Plan Colombia que estrenó durante el proceso de paz en Caguán (1999-febrerero 2002)?
– El Plan Colombia significó el escalamiento masivo de la guerra en Colombia y representó la masificación de las Fuerzas Militares. Además es la demostración del carácter transnacional del conflicto y del servilismo del Estado colombiano, que se tradujo en la pérdida de hecho de la soberanía nacional. Más allá del plano bélico, el Plan Colombia implicó la profundización de la crisis humanitaria de nuestro país, que durante estos 15 años ha sufrido más y más falsos positivos, desapariciones y montajes judiciales. En términos concretos a lo que asistimos fue a que el dinero de los impuestos que paga la ciudadanía estadounidense se invirtió en una estrategia que representó sistemáticas violaciones a los derechos humanos. ¿Es esto algo que celebrar?
¿Qué función tendrán las siete bases militares estadounidenses en Colombia si se firman un proceso de paz entre el estado y las FARC?
– Es bastante improbable que la Agenda de Washington se salga de los parámetros del intervencionismo; y ello es así porque esa no solamente es la esencia de la geopolítica estadounidense, sino que también existe una mentalidad de sumisión y entreguismo de parte del gobierno colombiano. Con esa realidad hay que tratar de avanzar.
– De cualquier forma, la postura de las FARC-EP es que un eventual cierre del conflicto debe traducirse en la salida del país de toda la intervención militar extranjera. En una hipotética Colombia en post-acuerdo que construye la paz y dedica sus mejores esfuerzos a la reconciliación nacional y al desarrollo económico con justicia social, no tiene cabida persistir en la militarización ni en el militarismo como concepción de Estado. La presencia militar extranjera debe concluir, lo cual implica que debe cesar el intervencionismo, pues hasta el momento Colombia es un país intervenido.
¿Cómo ven las FARC las preocupantes declaraciones del jefe del Comando Sur contra Venezuela en este contexto?
– Es claro que para el Comando Sur la irrupción de gobiernos progresistas en Nuestra América es una realidad inadmisible y por eso los toma como su objetivo político-militar inmediato. Su estrategia es desestabilizar y cobrarles a nuestros pueblos el atreverse a desafiar su hegemonía en la región. Pero la respuesta a esta real amenaza debe venir de la movilización creciente del pueblo por la defensa de su soberanía y de las conquistas alcanzadas. Para el caso de Venezuela, debemos decir que se trata de un país donde la conciencia política de su gente, sobre todo de los más humildes, ha crecido, se ha fortalecido en medio del injerencismo permanente de Estados Unidos; ese es un país con un pueblo indoblegable que sabrá dar la pelea en los términos que se la coloquen, con la certeza de que no se dejarán quitar las conquistas logradas con el proceso bolivariano. La herencia de Chávez es sólida no sólo como fuerza moral para Venezuela sino para el conjunto de los revolucionarios del continente.
Santos dio orden a sus negociadores en La Habana de «acelerar las conversaciones». ¿Qué opinan de esto?
– El 23 de septiembre pasado nuestro Comandante Timoleón Jiménez nos mandó a hacer el mayor esfuerzo por lograr un pronto fin del conflicto. De nuestro parte es un compromiso militante y lo estamos cumpliendo. Pero la Mesa tiene dos lados y el compromiso del gobierno se queda en las palabras. Mire, el 22 de noviembre el presidente anunció el inmediato indulto de 30 guerrilleros prisioneros en las cárceles colombianas, la concentración de todos los prisioneros de guerra en patios especiales y la implementación de brigadas de salud para la población carcelaria. Al día de hoy, no ha cumplido con nada de esto. Ese sería uno de los esfuerzo por acelerar. De nuestra parte, como dijo recientemente el comandante Joaquín Gómez, el acelerador lo tenemos puesto desde el primer día de las conversaciones.
– Pero esta celeridad la asumimos considerando que ella no puede conducirnos a analizar con ligerezas los temas de la Agenda. Las discusiones pendientes no son cualquier cosa. Máxime cuando hablamos de temas militares de hondo calado que se están discutiendo en la Subcomisión Técnica, así como del esclarecimiento y combate efectivo del paramilitarismo, que es quizá la mayor amenaza para un eventual paso a la política abierta por parte de nuestra organización. Sin fatalismos y con todo el deseo de trabajar por la paz, hay que advertir que solucionar estas cuestiones en solo 70 días va a ser muy difícil.
