Sofía Gaviria
Columnista
Ramón Elejalde Arbeláez es uno de los máximos perfiles antioqueños del humanista comprometido con los principios del Partido Liberal. Surgió de las bases del Liberalismo en el municipio de Frontino y ha obrado, a lo largo de su vida, a nombre de nuestra colectividad, como diputado, parlamentario, profesor y decano universitario, ensayista y columnista de opinión, labores a través de las cuales se ha convertido en un pensador que hace parte de lo mejor de la inteligencia viva del Partido Liberal, modelo de la tenacidad, de la honestidad, de la dedicación, de la potencia, de la sensatez y de la capacidad directiva en favor del bien común necesarias para contribuir justamente al avance intelectual y social del país.
En su desempeño cívico, social y académico, este caballero, adalid en numerosos campos del funcionamiento de la patria, ha sabido utilizar sus aptitudes especiales para aplicarlas, además de lo teórico, a lo práctico, en el manejo de importantes procesos conducentes al desarrollo del país.
En la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá, este eterno propagador de los principios liberales presentó su nuevo libro, «Don Mateo Rey», un compendio de «crónicas de barbarie en el Occidente Antioqueño». En él, se narran hechos reales sufridos por la población de Frontino, en los últimos tres decenios, constituyéndose en un «zoom» al drama de un municipio que se repitió, con dolor, en muchos otros municipios de Colombia, como Trujillo, Valle; El Salado, Bolívar, o Aguachica, Cesar, por sólo mencionar algunos, donde, a causa de la ausencia de la Ley, campearon primero las diferentes guerrillas y después el paramilitarismo, mostrando todas sus aristas de horror y de sevicia.
Los habitantes del Occidente Antioqueño, a fuerza de lágrima, tuvieron que acostumbrarse a la atrocidad de estos actores armados, luego de que fuera cruento el balance que dejara la violencia partidista de los años cuarenta y cincuenta, en esa región.
Ramón Elejalde nos cuenta detalles tenebrosos: «El Camino al Cielo» le llamaban al carro de los paramilitares que recorrían la zona, pues quien se subía a él, nunca volvía. Nos recuerda también al concejal valiente, que, en una presentación de los paramilitares, se levantó para protestar por la violencia, sabiendo que eso le iba a costar la vida. O la historia del loquito del pueblo, a quién, con frialdad calculada, convocaron a una cita con la muerte.
Personalmente, fui testigo del horror que retrata Elejalde, en los 29 subcapítulos del texto. El municipio de Frontino fue el lugar donde pasé los días más felices de mis años de infancia. Pero, como recordaba mi hermano Guillermo, en una de las cartas escritas durante su cautiverio, la guerrilla y los paramilitares nos robaron la sonrisa de esos recuerdos maravillosos: el EPL secuestró a nuestra madre y las Farc quemaron nuestra casa.
