La informalidad es total en las ciudades colombianas.
Víctor Hugo Lucero Carmona
La COVID-19, ha matado cerca de 2 mil personas en Colombia. Los contagios llegan a los 55 mil. La publicidad del gobierno y los organismos encargados de atender la pandemia insisten en las campañas: «Quédese en Casa» y «Lavarse las manos»,además de salir para lograr que la producción se reactive, es una forma perversa para que cada quien solucione sus problemas y como lo han dicho expertos se está aplicando el principio de «Sálvese quien pueda».
Las campañas gubernamentales son contradictorias, mientras insiste quedarse en casa, cada momento autorizan la salida de las personas que deambulan por las calles de la ciudad buscando la forma a través de la informalidad de ganarse unos cuantos pesos para poder llevar los alimentos de sus respectivas familias.
Mientras tanto ciudades como Bogotá, Cartagena, Barranquilla y Cali, el contagio se dispara. Las Ucis están a punto de colapsar y las soluciones gubernamentales están lejos. Buena parte de los habitantes se dedican a la venta ambulante de diversos productos y alimentos. algunos han optado por la caridad humana y otras personas con mayor desesperación ha acudido a vender su cuerpo, o a expender estupefacientes.
Comercio informal
Muchos comerciantes formales han ingresado a la informalidad por el cierre de los establecimientos y por no contar con los recursos económicos para los alimentos de sus familiares.
«Tenía un pequeño puesto de ropa en un centro comercial de San Victorino, pero como no se ha permitido la apertura estoy vendiendo la mercancía en las calles», dijo Fernando Marín Portilla.
«Vendo tapabocas y con ello he podido llevar algún dinero a mi casa donde estuvimos aguantando físicamente abre porque las ayudas del gobierno nunca llevaron», expresó Mariela Jaramillo Parra.
«Estoy haciendo domicilios vendiendo mi cuerpo, anteriormente trabajaba de mesera en un restaurante, donde nos dijeron que no podíamos seguir por cuanto no han autorizado su funcionamiento», dijo Pilar del Rocío Huertas, una joven de aproximadamente 22 años de edad.
Otra de las actividades de los jóvenes según nos reportan habitantes de barrios populares es el atraco a mano armada. «Nos tocoo atracar a la gente, para no dejar morir de hambre a nuestras familias», expresó un joven de 25 años, quien no quiso revelar su identidad. Nos dijo que actúan especialmente en las zonas de comercio y en las zonas residenciales donde la gente tiene dinero.
El sector del trabajadoras sexuales se ha reactivado en la mayoría de ciudades colombianas.
El atraco se ha constituido en una forma de sobrevivir en la pandemia ante la falta de trabajo y recursos económicos.
Los tapabocas se venden en las calles colombianas. Foto:César Obando