«Me fascinaba meter la nariz «donde sí le importa», según decía, Armando Caicedo.
Óscar Javier Ferreira Vanegas
Gran tristeza en los medios culturales y periodísticos ocasiona la noticia del fallecimiento de Armando Caicedo. Lo conocí en la Universidad Central de Bogotá, cuando era decano y profesor de Publicidad y Mercadotecnia.
Su clase magistral nos despertó la imaginación, pero también era una invitación a tener los pies bien puestos en la tierra y a utilizar la publicidad, no como un medio de manipulación y lavado cerebral, sino como un medio creativo de mostrar positivamente un producto. «La efectividad de una buena campaña publicitaria se refleja en el punto de venta», nos decía.
Con Armando Caicedo, conocí a Marshall McLuhan y su «Galaxia Gutemberg», y también a recorrer su «aldea global». Maestro de la mercadotecnia nos enseñó la importancia de tener la fuente de producción lo más cerca posible a los sitios de distribución y venta de los productos, a lo que debía sumarse una campaña de expectativa, un empaque atractivo y el lanzamiento a través de los medios publicitarios.
Hacíamos talleres de diseño, dibujando y armando empaques de posibles productos. Como decano dio énfasis a la creación artística. Caballetes, lienzos y pinturas, formaban parte de las clases, para afianzar el diseño y la creación plástica sus aficiones que se convertirían en profesión. Me estimuló como caricaturista y me ayudó a que publicaran mis trabajos en EL VESPERTINO diario de la tarde publicado por EL ESPECTADOR, y en el Periódico deportivo OVACIONES.
Su filosofía del arte y las comunicaciones, influyeron grandemente en mi. Fue un profeta de la publicidad y el periodismo. Un cronista de la vida, que contó en su estilo satírico y ameno las historias que nadie más vio desde su óptica.
Fue militar, alcalde, director creativo, Boy Scout, dirigente de Relaciones Internacionales, creador de célebres proyectos editoriales para el diario El Tiempo; asesor de marketing, analista político, columnista semanal de sátira y caricaturista editorial, durante 17 años; autor del libro interactivo «Historia de las 293 Olimpiadas Antiguas»; creador del gran proyecto editorial «La Cápsula de El Tiempo», donde se guardó la actualidad de la edición 25 mil, para que la leyeran los lectores de la futura edición 50 mil en 2052.
Armando Caicedo se definía como un «cronista de oficio, Todoterreno» . Fue escritor de sátira y humor, que alternaba con sus caricaturas. Como un fanático ratón de biblioteca, escribió y publicó noventa crónicas históricas, entre las que «El Tiempo del Descubrimiento»; y sobre la historia de Colombia, donde su época favorita fue la «Patria boba»; y la realidad sobre en hundimiento de una goleta en el mar Caribe.
Fue el productor ejecutivo de la telenovela «Manuela» más larga en la historia de la televisión. Recibió cuatro premios «José Martí» como editorialista gráfico, tres de ellos trabajando para la organización del Washington Post. Obtuvo Mención honorífica del Primer Premio Internacional de Novela Kipus, su novela :«Concierto para delinquir» donde dio rienda suelta a su humor satírico.
Nunca perteneció a ningún Consejo de Redacción y publicó durante muchos años, columnas en periódicos de Estados Unidos y Latinoamérica, entre los que se contaron El Tiempo y El Espectador de Colombia.
«Viva el Obispo ¡Carajo!» novela en el género de realismo mágico, hace realidad lo inverosímil, con una reflexión profunda sobre el fanatismo religioso.
Su testamento literario fue «Abril nace en Enero», que cuenta la historia de dos compañeras de estudio, una rica y otra humilde que se vuelve sospechosa cuando secuestran a su amiga.
Armando Caicedo confesó que su técnica era
«Seducir al lector en las primeras dos páginas, apasionarse en las siguientes trescientas… y sorprenderlo en la última».
Armando Caicedo fue un gran maestro para todos. Paz es su tumba. Rindamos honor a su legado.
Le fascinaba meter la nariz «donde sí le importa», según decía.