Pensar desde la profesión únicamente en recuperar el dinero invertido en su formación, es pensar en profesionales automáticos.
Jairo David Rojas Rodríguez
Centro de Ética y Humanidades
Universidad La Gran Colombia
Es preciso iniciar estas líneas acentuando el rol que tiene el principio de beneficencia en la condición humana, pero sin dejar de lado el impacto que genera este mismo en el papel que tiene el profesional al momento de ejercer su profesión en un contexto determinado; esta independiente de cual sea la profesión, ya que todas ellas están llamadas a formar a seres humanos íntegros.
Este principio obedece al campo bioético, el cual a su vez se relaciona con la construcción de un puente entre la condición humana y su entorno, siempre y cuando se preserve y respete la vida de todo ser viviente, ya Beauchamp y Childress lo establece en su postulado bioético, cuando presenta la Beneficencia como pilar de un anhelo de la humanidad: «se trata de la obligación de siempre hacer el bien», pues a este llamado debe obedecer cualquier profesional ya que él mismo el día de la ceremonia de graduación más que estar pendiente de las fotos que va a subir a las redes sociales, debe de generar una conciencia clara y eficaz sobre el compromiso que ha adquirido al momento de hacer el juramento ante las autoridades académicas y sociales que acompañan este momento.
Ante este panorama, es importante pensar en el desafío que tienen los profesionales para el siglo XXI, ya que esto tiene como premisa mantenerse actualizado en su disciplina, defender sus principios y valores, los cuales han sido inculcados desde la casa y que solamente en la formación de educación superior se reforzó dicho contenido; también pensar en cómo sobrepasar la barrera de la mediocridad y ejercer con calidad y eficacia la profesión en la cual se formó y quizás, lo más relevante es estar en un enamoramiento constante de sus actividades, las cuales le van a permitir acceder a la construcción de una experiencia tanto personal como profesional y desde allí pensar en que cada día debe de ser un ser humano integro.
Pensar desde la profesión únicamente en recuperar el dinero invertido en su formación, es pensar en profesionales automáticos, los cuales se vuelven binomios constantes a partir de preguntas-respuestas y donde no se trata de generar un aporte significativo desde su campo profesional y personal, sino en ocupar un espacio más en la economía que el país mantiene.
Es por ello que este desafío que presentan los profesionales del siglo XXI, debe estar centrado en valores como: honestidad, respeto, responsabilidad y armonía entre otros con el fin de fortalecer su papel en la sociedad, la cual se encuentra carente de nuevas caras, donde no se queden únicamente en el pensamiento material; por el contrario formar personas con sentido de pertenencia a los lugares que buscan de desarrollar sus actividades y que este espacio tenga calidez humana, la cual también ejerce un rol fundamental en el ejercicio profesional, encontrarse a jefes que estén preocupados por sus empleados, por lo menos que se tomen unos segundos y los saluden y les pregunten como están y que no sean indiferentes ante la realidad que puede estar viviendo cada uno de sus empleados; quizás este desafío en el siglo XXI también sea una oportunidad para que los que ya tiene un buen recorrido profesional podamos revisar cuales son las actitudes de fortaleza que nos han hecho estar en el lugar que estamos, pero también poder reflexionar sobre aquellas debilidades que poseo y que de una u otra manera sé que tenemos que trabajar en ellas; esto con miras en convertir las debilidades detectadas en fortalezas y desde allí pensar que la profesión en la cual nos formamos debe ser aplicada desde la óptica de un servicio, pensando siempre en el bien al OTRO, desde una coherencia de vida entre lo que se piensa, se dice y la repercusión que los pasos anteriores tiene en la acción realizada.
Ante este panorama, es importante pensar en el desafío que tienen los profesionales para el siglo XXI, ya que esto tiene como premisa mantenerse actualizado en su disciplina, defender sus principios y valores.