Margarita Rosa de Francisco utilizó a «El Tiempo» como un trampolín político. Aprovechando la popularidad como actriz y presentadora de televisión, determinó hace unos meses lanzarse como editorialista despotricando de unos y de otros.
Ganó adeptos y perdió a otros. Eso suele suceder. Pero su vitrina en el diario de 110 años le sirvió para ser llamada por Gustavo Petro e ilusionarla con una vicepresidencia, situación que le agradó a «la niña» Mencha.
Todo iría bien hasta cuando le dio por hablar mal de Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del periódico. La hija de empresario y banquero ahí mismo le salió al quite a las declaraciones y palabras más, palabras menos, le pidió que no escribiera más sobre su padre en esos términos con los cuales lo calificaba.
Muchos lectores se preguntan hasta dónde va la opinión de una persona y otra, hasta dónde llega la capacidad histriónica.
Algunos seguidores llaman a esta actitud como una tendencia de coartar la libertad de expresión, pero otros sostienen que no se puede hablar de quien lo invita a una casa y sale regañando al anfitrión.
No es la primera vez que los personajes utilizan los medios de comunicación para darse su vitrina. De hecho, un buen número de presidentes de Colombia han sido dueños de medios o han tenido columnas. Laureano con El Siglo, los Ospina con La República, los Santos y los Lleras con El Tiempo, Andrés Pastrana con TV-Hoy, Turbay con Hoy por Hoy y Criptón, entre otros.
Ahora la modalidad es quien cuenta con las llamadas «bodegas» –antes de la pandemia—y ahora «telebrujas» –desde las casas—que arman perfiles falsos, montan youtuber para hablar bien o mal de un candidato o lanzar «fake news» sin descanso.
El fin de todos estos personajes no es duradero porque al poco tiempo los lectores se dan cuenta de cómo los usan, de sus mentiras y pronto pierden credibilidad.
La campaña ya toma una carga con una veintena de candidatos de todos los pelambres. Los medios seguirán siendo importantes para dar a conocer las opiniones de los personajes. Esto apenas comienza, dijo alguien.

