La historia se repite en Colombia
Todos los problemas ocurren cuando no se dice la verdad. Aunque hay miles de medios de comunicación, redes por doquier –son más de mil sistemas—lo cierto es que el mundo desconoce qué está sucediendo.
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¿Se sabe cómo empezó la pandemia? No están claras las razones de China ni de la Organización Mundial de la Salud. Las cifras sobre muertos, infectados en el mundo es un misterio. Muchos países ocultan los números. Lo único cierto es que ya se están acabando los ataúdes y las fosas.
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Se miente en la ONU, la OEA, la OMS, OPS y demás estamentos internacionales. Se ocultan datos sobre las verdaderas intenciones de China, por ejemplo, cuando quiere meterse a Taiwán a como dé lugar y distrae la atención regalando vacunas acá y allá.
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Es el mundo del ocultamiento. Estamos en una guerra fría de información. Para impedir que los medios y los verdaderos periodistas saquen noticias, se relaja con los llamados «influenciar» que son payasos buscando ser comunicadores y engañando con sus estrategias.
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Vivimos en el mundo de la falsedad. Por eso es más importante un resultado de un partido, que la enfermedad de 22 jugadores en un encuentro deportivo. A los esclavistas de los jóvenes y fanáticos porque les interesa la salud de pobres muchachos que torean una pandemia en una cancha.
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Llega ahora el gobierno colombiano con una Reforma Tributaria que no es más que un llamado al hambre de millones de colombianos. Por ninguna parte se analiza el por qué la banca, por ejemplo, cobra un 4 por mil de todas las transacciones, se queda con un buen porcentaje de las remesas y roba gota a gota a millares de familias que han caído en sus redes de hampa. Poco les importa a los bancarios, la cantidad de suicidios, el hambre que pasan los hogares colombianos. ¿Para qué tanto dinero si en el infierno poco o nada les va a servir?
Los gobiernos han mentido con la estrategia bancaria. Han sido cómplices de la piraña de los bancos. Los medios han sucumbido a sus intereses porque, desafortunadamente, sus dueños, han caído ante el mísero billete y les han entregado el poder editorial.
De esta forma los intereses de unos cuantos hombres de negocio y de la banca mienten. No tienen la caballerosidad de contribuir con el país.
A los políticos, empezando por el Congreso en pleno, les falta peso testicular para protestar y exigir claridad en las enormes ganancias a costillas de los contribuyentes.
Esta Reforma no es otra cosa que una ayuda desaforada, cruel, miserable y ruin para engrosar las arcas de los recontra multimillonarios bancarios.
