Twitter acelera difusión de noticias falsas
Decía en estos días decía el catedrático Manuel Cerbino de la Universidad Complutense de Madrid, que una de las maldiciones en la actualidad es aparecer en Twitter. Es decir, es nombrado o tomado como personaje para criticarlo.
«Twitter se ha convertido en la vitrina de la escoria del mundo», complementa.
Aparecen muchas críticas sobre Twitter, una de las redes más populares y donde es fácil armar una maquinaria para denigrar a las personas. Existen bodegas donde se planea el siguiente ataque, son sistemáticos, obtusos y no aceptan una sola crítica.
Estas bodegas prestan sus servicios a intereses, por lo general, políticos para destruir a una persona, una empresa o a un país.
Hace unos años les dio por decir, por ejemplo, que habían salido pedazos de ratón en una PonyMalta o, incluso, aseguraban que en un tanque se había caído un operario y había fallecido ahogado. Mentira. Los tanques, como después lo mostraron, son herméticos no cabe sino el líquido y no hay oportunidad para ingresar allí.
Muchas empresas han cancelado sus cuentas en Twitter para no tener que responder a los permanentes ataques. Lo más grave es que muchos medios de comunicación y sobre todo periodistas aseguran que todo lo que ven allí: memes, escándalos, videos editados son verdad.
Twitter pierde espacio entre las personas que entran en razón, que no tienen afán de figuración.
Otra de las críticas que se le hacen a la red es la facilidad para montar nombres ficticios. Y una más: se venden «likes».
Claro, no sorprende cuando un llamado «influenciador» escribe: «está haciendo calor» y obtiene, en cuestión de segundos, 2 mil «me gusta». Si se analizan, resultan todos falsos.
¿Cuántas veces mataron a Roberto Gómez Bolaños? ¿Cuántas veces han dicho que ha fallecido tal u otro personaje? Son personas que se niegan a comprender el daño que hacen.
En estos días salieron con la historia de que en almacenes Éxito en Cali torturaban a las personas. Claro, sin confirmar y porque los dijeron en Twitter los personajes ficticios, miles de personas aseguran que eso es verdad. Y, lo peor, dicen tener pruebas.
El papel de periodista ha sido usurpado por personajes siniestros especialistas en manejo de redes, en inventar nombres, suplantar identidades y con cámara en mano hacen supuestos cubrimientos para intimidar a las personas.
Los organizadores del desprestigio tienen cuotas para pagar: un destrozo grabado, vale un dinero, pero si se sube a redes, tiene otro precio y si lo publica un medio de comunicación, vale otro tanto. Los precios varían según si es prensa, radio o televisión.
Mientras no haya una ética, un compromiso por buscar el bienestar de los demás, de proteger a los menores, defender a la patria, el camino será el que se observa en la actualidad.
Por fortuna, los colombianos razonan.
