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LA ENFERMEDAD COMO PARTE DE LA VIDA

 La persona advierte cuando se enferma y no cuando se alivia

 

Ana Millán Camargo

M.D. Psiquiatra

Especial para Primicia

 

Cuando nos ocurre algún evento en la salud, llámese síntoma, enfermedad o síndrome, cuando sentimos afectado el cuerpo con alguna alteración de su equilibrio o cuando nuestra mente la percibimos confusa, turbada, enredada, difusa o cuando caemos en cuadro depresivo o ansioso, creemos de alguna manera que tenemos que pagar un “karma”, expiar alguna culpa o pagar por los pecados propios  o de algún familiar.

La enfermedad lleva varios pasos dentro de sí,  una de ellos; el duelo a la salud. Nosotros usualmente no pensamos en el cuerpo; comemos, dormimos, tenemos sexo, trabajamos y olvidamos que la biología es la base de toda la existencia. Otro, el cuerpo habla cuando siente dolor, cuando sangra o cuando presenta fiebre o algunos síntomas. Allí nos acordamos de la existencia física y viene la preocupación…

No hay una fórmula mágica que nos diga que está bien o qué está mal al momento de un diagnóstico grave. Pero, cinco condiciones ayudarían a afrontar mejor esta crisis llamada enfermedad: llevar cada día con su afán, aceptar el proceso, vivirlo junto con la pareja, la familia y los amigos, creatividad para buscar resolver problemas y por último considerar la muerte como algo natural, como parte de la vida y la enfermedad como una fase de la vida.

La persona advierte cuando se enferma y no cuando se alivia, por eso, la primera recomendación para enfrentar cualquier enfermedad es llevar cada día con su afán, qué cosas tengo que hacer hoy para recuperar la salud: tomar la medicina, hacer las diferentes terapias, comer de tal manera, asistir a los exámenes de diagnóstico y seguimiento, cumplir las citas médicas. Pero… toda esta actividad genera mucha angustia y desesperanza; por eso las personas que tienen carácter optimista cursan mejor los procesos médico-quirúrgicos porque logran mantener la esperanza y perciben que las cosas pueden mejorar. Lograr vivir el día a día, es una estrategia saludable.

Nosotros usualmente no pensamos en el cuerpo; comemos, dormimos, tenemos sexo, trabajamos y olvidamos que la biología es la base de toda la existencia

 

Una vez diagnosticado el problema, la aceptación: Otro paso. Consiste en no chocar contra el problema y aceptar que el problema existe. La forma como se han enfrentado las  situaciones problemáticas previamente, es la misma forma que la persona va a usar para salir del atolladero. Si la persona ha escapado y ha huido de las situaciones de estrés, con la enfermedad hará lo mismo: “acá no pasa nada, yo me curo solo, esto es un invento moderno para sacarme plata” etc. Si el individuo ha enfrentado las crisis, buscando soluciones activamente, tiene una actitud de colaboración, se informa  de manera adecuada y oportuna, sin dejarse obsesionar por el tema, hará lo mismo en este escenario aportando mejores condiciones al proceso de su mejoría.

La pareja, la familia y los amigos. Otro aspecto en el manejo de la enfermedad. La enfermedad como cualquier crisis vital es un momento de saber con qué apoyos contamos. Ahí es donde vale la pena tener familia, tener amigos y contar con una relación de pareja, adecuados y funcionales, que muestren actitudes solidarias. Porque quien vive el padecimiento, percibe una terrible sensación de soledad, reaparecen todos los dolores y pérdidas previos, que son más llevaderos si tenemos alguien con quien hablar, una mano afectuosa que nos “alcance un vaso de agua”. Por ello, las personas solas o de tendencia solitaria sufren más teniendo la misma alteración que una persona con familia, con amigos, con pareja y buenas relaciones sociales.

Otra condición a tener en cuenta al afrontar la enfermedad es la creatividad: flexibilidad poder inventar soluciones, idear nuevos caminos, poder modificar rutinas. Cediendo algunas viejas costumbres que antes fueron útiles, para sentirse activo y  mantener la esperanza. La flexibilización de lo cotidiano, implica disminuir el control y admitir  ayuda. No lo resolvemos todo, saber que somos limitados y que en un momento dado es necesario depender de otros para lograr la mejoría.

Otro aspecto que nos ayuda en este proceso es poseer algún valor trascendental, creencia religiosa y/o espiritual. La fe ayuda a generar esperanza y consuelo necesario para transitar con positiva expectativa el camino de la enfermedad. No hay una mejor que otra, ni una superior a otra. Cada uno con lo que cree. Este sentimiento de apoyo favorece la tolerancia ante la angustia ocasionada por los procedimientos médicos, la espera de un resultado diagnóstico o simplemente promueve a enfrentar con valor los resultados negativos o dolorosos. Es decir, guiar la pérdida con templanza (Moderación en el ánimo, en las pasiones y en los placeres de los sentidos*).

Por último, conocer que la muerte es algo inevitable, admitir la muerte como parte de la vida y la enfermedad como un segmento de la vida. La enfermedad no significa siempre muerte, puede significar aprender a vivir, buscar estilos de vida saludables y finalmente  se puede vivir la enfermedad con un mínimo de sufrimiento o vivir muriéndose con una gran dosis de sufrimiento. Todo depende de la personalidad del sujeto, de su actitud y creencias ante la vida y la muerte, de las condiciones con que el sujeto cuente para vivir el proceso de la enfermedad y por supuesto de la gravedad o levedad de la dolencia.

Sólo por hoy  pensaremos en el proceso de mejoría y curación, aceptando el proceso de la enfermedad, como una oportunidad para buscar nuevas soluciones y para revivir el afecto con mi pareja, mi familia y mis amigos, creando nuevas oportunidades para solucionar dificultades y observando muerte y enfermedad como parte de la vida.

* http://es.thefreedictionary.com/templanza. Consultado 28-08-12