El aumento en el consumo de ‘Tusi’ en Colombia, especialmente entre jóvenes en entornos de ocio nocturno, es motivo de gran preocupación.
Adelina Huertas G.
Especial
Bajo el destello de las luces estroboscópicas y el ritmo frenético de la noche urbana, una sustancia de color vibrante y aroma dulce ha comenzado a teñir las fiestas de Colombia. Se le conoce popularmente como «Tusi» o «cocaína rosa», un nombre que evoca lujo y sofisticación, pero que esconde una realidad química caótica y peligrosa. Aunque su nombre sugiere un parentesco con el alcaloide tradicional, expertos en salud pública advierten que su composición y efectos son un territorio desconocido y potencialmente letal.
Un cóctel de incertidumbre
El «Tusi» no es una droga pura, sino una amalgama de diversas sustancias psicoactivas. Su denominación es una deformación fonética de «2C», una familia de psicodélicos, aunque paradójicamente los análisis químicos revelan que el compuesto original rara vez está presente. Lo que los consumidores inhalan es, en realidad, un polvo rosa con olor a fresa que actúa como una «ruleta rusa» química.
La composición de esta mezcla es alarmantemente inconsistente. Generalmente, el componente principal es la ketamina, un anestésico disociativo, combinado con MDMA y cafeína. Sin embargo, estudios recientes en laboratorios locales han detectado la presencia de metanfetamina, benzodiacepinas y, en los casos más críticos, fentanilo. Esta variabilidad convierte a cada dosis en un experimento impredecible para el organismo.
El cuerpo en la encrucijada
Los efectos del «Tusi» son tan diversos como su contenido. Mientras algunos usuarios buscan euforia y alteraciones sensoriales, el cuerpo se enfrenta a una tormenta contradictoria: el corazón se acelera por los estimulantes mientras el sistema nervioso se deprime por los sedantes. Esta lucha interna puede derivar en ansiedad aguda, alucinaciones aterradoras, convulsiones y complicaciones cardiovasculares graves, especialmente cuando se mezcla con alcohol.
El reto de la salud pública
Lo que comenzó hace dos décadas como una droga de élite en círculos exclusivos, hoy se ha democratizado en los entornos de ocio nocturno, alcanzando a una población joven que ignora los riesgos de esta mezcla sintética. La falta de conocimiento sobre su composición real exige campañas de prevención urgentes y estrategias de reducción de daños. Las autoridades sanitarias coinciden en una sentencia clara: detrás del tinte rosado y el aroma artificial del «Tusi», no hay recreación, sino una sustancia extremadamente peligrosa con consecuencias que pueden ser, de manera fulminante, definitivas.
‘Tusi’ elaborada con sustancias peligrosas como metanfetamina, cocaína, oxicodona, benzodiacepinas e incluso fentanilo, un opioide sintético extremadamente potente. Esta variabilidad hace que cada dosis de ‘Tusi’ sea una ruleta rusa química, con efectos impredecibles y un alto riesgo de sobredosis.