Lucho Herrera el ex ciclista y hoy empresario.
Un escalofriante giro judicial desentierra un crimen de 2002 en Fusagasugá, señalando al legendario ex ciclista Lucho Herrera como el presunto cerebro detrás del secuestro y asesinato de cuatro vecinos, acusados falsamente de ser guerrilleros. La Fiscalía General de la Nación ha iniciado una investigación formal, ordenando la inspección de una finca y posibles exhumaciones, mientras el «Jardinerito» niega vehementemente su implicación.
La apacible Fusagasugá revive una pesadilla de hace más de dos décadas con la reapertura del caso de la desaparición y muerte de Gonzalo Guerrero Jiménez, Víctor Manuel Rodríguez Martínez, José del Carmen Rodríguez Martínez y Diuviseldo Torres Vega. La clave para este estremecedor resurgimiento reside en la reciente condena al exparamilitar Luis Fernando Gómez Flores, alias «Yojitos», quien, junto a otros ex sicarios, ha implicado directamente al ícono del ciclismo colombiano, Lucho Herrera.
Según los testimonios que ahora cimientan la investigación, Herrera habría pagado 40 millones de pesos y entregado fotografías de las víctimas a los paramilitares, ordenando su ejecución bajo la falsa acusación de ser colaboradores de la guerrilla. El relato de los exparamilitares describe un operativo macabro: el secuestro de los cuatro hombres desde una gallera por individuos vestidos como agentes del DAS, su traslado a una finca en Silvania, presuntamente propiedad de Herrera, y su brutal asesinato y desmembramiento.
La justicia no ha tardado en reaccionar. El juzgado que sentenció a «Yojitos» compulsó copias a la Fiscalía, exigiendo una investigación exhaustiva sobre la presunta participación del «Jardinerito» en los delitos de desaparición forzosa y homicidio agravado. La Fiscalía ha tomado cartas en el asunto, iniciando una investigación formal contra el excampeón de la Vuelta a España y ordenando la recolección de pruebas, incluyendo la inspección de la finca en Silvania y la posibilidad de exhumar los restos de las víctimas.
Ante la tormenta judicial, Lucho Herrera ha negado rotundamente las acusaciones, ofreciendo su colaboración con la justicia y proclamándose inocente. Su defensa ya coordina su presentación ante la Fiscalía para esclarecer su posición. Sin embargo, el testimonio desgarrador de los familiares de las víctimas añade una capa de dolor a la incredulidad. Un sobrino recordó el secuestro de uno de sus tíos, mientras que el hermano de otros dos, un intendente de la policía, niega cualquier vínculo de sus familiares con la guerrilla y desconoce motivos para que Herrera deseara su muerte, incluso señalando que algunos trabajaban en su finca.
«Jamás he pertenecido a organizaciones criminales ni he pretendido causar daño a persona alguna. Rechazo de manera enfática las imputaciones que pretenden enlodar mi nombre y mi trayectoria como ciudadano, trabajador y padre de familia» afirmó Herrera.
La Fiscalía se adentra en un laberinto de testimonios y posibles evidencias. La inspección de la finca en Silvania se antoja crucial para corroborar la versión de los exparamilitares. La sociedad colombiana observa con atención este caso que enfrenta a un ídolo nacional con las sombras de un pasado violento, esperando que la verdad, por dolorosa que sea, finalmente salga a la luz. El camino hacia la justicia apenas comienza.
Estatua del Cacique Fusagasugá o el Indio Sutagao.Los pobladores de Fusa se niegan a creer que Lucho Herrera, tenga algo que ver con los crímenes ejecutados por los paramilitares.