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LA INFORMACIÓN NOS INVADE A TODOS

 

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Nicolás Rojas Holguín

Coordinador de Deportes

Primicia

Haciendo un análisis sobre lo que ha pasado y lo que pasa actualmente con el periodismo y su funcionamiento, encuentro diversas dificultades a la hora de ejercer la profesión. Una de ellas es el problema que afrontan muchos periodistas a la hora de escribir textos breves y rápidos. Este desafío, que supone la tiranía de la brevedad y que ha obligado a escribir en pocos caracteres, nos obliga a resumir, a sintetizar nuestra propia información y aunque muchas veces ocurre en contra de nuestra propia voluntad, es un ejercicio que siempre sirve para depurar los textos. Y eso es un desafío que hay que utilizar.

 

Probablemente el 80 por ciento de los libros se verán por medio de descargas, y los periódicos se leerán en soportes digitales. El periodista deberá ser capaz de hacer una foto, un video y una nota que, además, tendrán que ser mejores que las de los cientos de competidores de los otros medios.

 

Sin embargo, este boceto de lo que probablemente sucederá en poco tiempo, que para muchos periodistas es visto como algo desalentador, pero es más bien como una oportunidad para adaptarse al cambio, para encontrar nuevos lenguajes y talentos que permitan encontrar una verdad que, tal vez, no estábamos persiguiendo del todo.

 

Hoy quienes navegamos en la red apenas nos estamos «humedeciendo», no «navegando». No conocemos el límite de las posibilidades, lo único que sabemos del futuro es que difiere del presente; lo único que sabemos es que las noticias serán distintas y los recursos, lógicamente, también.

 

En mi opinión, uno de los principales problemas que tienen los periódicos es que todos los medios tienen acceso a la misma información, prácticamente al mismo momento, lo que ha generado una homologación del periodismo, y los medios se parecen más entre ellos. Ante este panorama los medios han perdido sus notas propias, esas que no pueden tener los otros periódicos.

 

El problema es que los medios se sienten aterrorizados de no quedar «fuera de la jugada», de no publicar lo que tienen los demás. Sin embargo, los medios no pueden olvidar que el requisito de la personalidad es un valor principal y no uno agregado, como aparentemente resulta hoy por hoy. La noticia no es la sangre, sino la vida que se pierde con la sangre, de tal manera que esa vida perdida se pueda convertir en una historia.

La información nos invade a todos, a veces sin que lo queramos. De repente estamos viendo una cosa y al instante nos enteramos de otra. La lectura ya no transcurre en la espera, ya no tenemos una pausa en la lectura porque otra información acaba de suceder en algún lugar del mundo, y de alguna manera la  red es como nuestra predilecta biblioteca.