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Cuando el «Sueño Americano» Concluye en el Caribe y el Pacífico Colombiano: EL RETORNO SILENCIOSO

Las autoridades colombianas enfrentan un desafío creciente en el Chocó con el retorno de migrantes, gestionando un flujo humanitario que desborda las capacidades locales. Este fenómeno exige respuestas coordinadas para atender a una población en extrema vulnerabilidad.

 

 

 

Rafael Camargo Vásquez

Chocó-Colombia 

El endurecimiento de las políticas migratorias y los rigurosos filtros de ingreso en Estados Unidos están reconfigurando drásticamente los flujos migratorios, generando un fenómeno de retorno involuntario para miles de personas que no logran alcanzar el anhelado «sueño americano». Un creciente número de estos migrantes, desilusionados y sin recursos, está regresando a Colombia, no solo por las vías tradicionales, sino también por puntos insospechados como las regiones de Chocó, San Andrés y La Guajira, lo que plantea apremiantes desafíos humanitarios y logísticos para estas ya vulnerables zonas.

Nuevas Geografías del Retorno

Si bien Bogotá sigue siendo el epicentro de llegada para vuelos de deportación o «auto deportación» —aquel retorno voluntario facilitado por vuelos chárter—, el reingreso de migrantes inadmitidos se materializa cada vez más a través de rutas más complejas y discretas:

San Andrés: De Plataforma de Tránsito a Punto de Retorno. La idílica isla caribeña, históricamente una puerta de tránsito para migrantes irregulares con destino a Norteamérica (cubanos, sudafricanos, haitianos desde 2016, y un incremento notable de venezolanos desde 2019), se ha convertido ahora también en un inesperado punto de retorno. Entre junio de 2022 y abril de 2023, la Armada Nacional rescató a 823 migrantes irregulares en sus aguas. La Procuraduría General de la Nación ha encendido las alarmas sobre la existencia de nuevas rutas de movilización, sugiriendo una posible conexión con empresas que, tras ofrecer itinerarios fallidos vía Nicaragua y México, ahora redirigen hacia el Tapón del Darién, evidenciando un preocupante cambio en la dinámica migratoria.

Chocó: La Migración en Reversa. La remota y biodiversa región del Pacífico, particularmente municipios como Juradó y Capurganá, está experimentando una «migración inversa». Migrantes que intentaron la peligrosa travesía por el Tapón del Darién hacia Centroamérica, y que fueron inadmitidos o no pudieron continuar su trayecto hacia el norte, están volviendo a territorio colombiano por el lado atlántico. A principios de junio, se registraron más de 10.000 detecciones de flujo migratorio irregular en tránsito y unas 2.000 detecciones en el puesto de control de Capurganá, incluyendo a los que regresan. Esta situación ha desatado una crisis humanitaria en municipios como Juradó, cuyas limitadas capacidades son desbordadas por la llegada de estas poblaciones, a menudo en condiciones de extrema vulnerabilidad y sin acceso a servicios básicos esenciales.

La Guajira: Viejas Rutas, Nuevos Retornos. Tradicionalmente un corredor para migrantes venezolanos, La Guajira también se consolida como un punto de llegada para colombianos retornados desde Estados Unidos. La cercanía fronteriza y las dinámicas históricas de movilidad de su población la convierten en una zona receptora, aunque la información específica sobre la magnitud del retorno desde EE. UU. por esta vía aún requiere mayor detalle.

Desafíos Urgentes 

El retorno de estos migrantes, frecuentemente exhaustos, desprovistos de recursos y con el peso de la frustración, plantea desafíos complejos para las comunidades receptoras y las autoridades colombianas:

 La llegada masiva e impredecible de retornados, especialmente en zonas con infraestructura y servicios básicos limitados como el Chocó, desborda la capacidad de los municipios para ofrecer albergue, alimentación, salud y atención psicosocial.

Los migrantes que regresan se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad, enfrentando severas dificultades para su reinserción socioeconómica, el acceso a empleo digno y la recuperación de servicios básicos. Además, no es raro que hayan sido víctimas de redes de trata de personas o que encaren riesgos de seguridad al volver a sus lugares de origen.

La Procuraduría General de la Nación y Migración Colombia, en colaboración con la Dirección de Población Migrante del Ministerio de la Igualdad, han iniciado un proceso de coordinación de esfuerzos para brindar una respuesta integral a esta población. Se han sostenido reuniones con organizaciones de cooperación internacional para movilizar ayuda humanitaria urgente.

Colombia cuenta con marcos legales como la Ley 1565 de 2012 (Ley Retorno), que busca ofrecer acompañamiento integral a los colombianos que deciden retornar voluntariamente, incluyendo incentivos aduaneros, tributarios y financieros. Para acceder a estos beneficios, los retornados deben haber residido al menos tres años en el exterior y carecer de condenas judiciales pendientes. El programa Colombia Nos Une del Ministerio de Relaciones Exteriores también asiste activamente a los retornados. Adicionalmente, se exploran iniciativas como créditos asociativos a través de Prosperidad Social para fomentar la generación de ingresos y la autonomía económica.

Esta compleja situación subraya la naturaleza intrínsecamente desafiante de los flujos migratorios contemporáneos, donde las vías de salida y reingreso se diversifican y complican cada vez más. Ello exige una respuesta coordinada, resiliente y profundamente humanitaria por parte de las autoridades y la comunidad internacional en su conjunto.

La Armada Nacional de Colombia ha intensificado sus rescates de migrantes en el Caribe y el Pacífico, salvaguardando vidas en embarcaciones precarias que a menudo naufragan. Estas operaciones subrayan los peligros de la migración irregular y la vulnerabilidad extrema de quienes se aventuran en travesías marítimas inseguras.

En el Chocó, migrantes en situación de vulnerabilidad deambulan por las calles de los poblados, buscando ayuda y refugio tras sus complejas travesías. Su presencia visibiliza una crisis humanitaria que desborda las capacidades locales.

En su desesperado tránsito, muchos migrantes se ven obligados a cruzar caudalosos ríos con niños en brazos, enfrentando riesgos extremos. Esta peligrosa realidad subraya la vulnerabilidad y los desafíos inhumanos que sortean en su búsqueda de un futuro.