Detienen al «narco-michi» en Costa Rica: el gato que utilizaban para el contrabando de droga. El animal era empleado por los presos de una cárcel para introducir sustancias ilegales sin ser descubiertos
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En un insólito giro en las estrategias del crimen organizado, el uso de animales para el tráfico de drogas en centros penitenciarios de Latinoamérica se ha convertido en una práctica documentada.
Estos «narcomensajeros» felinos exponen la ingeniosidad de las redes criminales y la vulnerabilidad de los sistemas de seguridad en las prisiones de la región.
La aparente inocencia de los gatos los convierte en un vehículo de riesgo para las autoridades, que han tenido que adaptar sus métodos de vigilancia para interceptar estos paquetes de contrabando.El fenómeno ha sido reportado con detalles específicos en al menos dos casos notables.
En Costa Rica, un gato fue capturado en la prisión de máxima seguridad de Pococí, transportando dos paquetes de cinta industrial que contenían 235 gramos de marihuana y 67 gramos de crack. El felino, apodado popularmente como «Narcomichi», fue interceptado por guardias que notaron el bulto sospechoso, y posteriormente fue entregado a las autoridades de salud animal.
En Panamá, un gato fue interceptado en el Centro Penitenciario Nueva Esperanza en Colón, con pequeños fardos de cocaína, marihuana y crack atados a su cuerpo. Las autoridades panameñas han explicado que los reclusos suelen atraer a estos animales de la calle con comida para utilizarlos en sus actividades ilícitas.
Estos incidentes no solo representan un desafío para las fuerzas de seguridad, sino que también evidencian la explotación de animales en redes de tráfico, sometiéndoles a situaciones de riesgo.
Nada pudieron los muros y barrotes de la prisión de máxima seguridad de Welikada, en Sri Lanka, para impedir el escape de un gato «narcotraficante», a pesar de que se encontraba bajo estricta vigilancia.