El fenómeno se debe a la dispersión de Rayleigh, un proceso físico en el que las moléculas de aire dispersan la luz solar.
Fernando Pinto
Cabo Verde-África
Primicia Diario
En las islas de Cabo Verde, el cielo no es solo un telón de fondo, sino un espectáculo diario que se transforma de manera dramática. Durante el día, el aire limpio y la posición geográfica del archipiélago regalan un azul profundo e intenso que se funde con el horizonte del Atlántico. Al caer la tarde, este azul da paso a una paleta de colores vibrantes y cálidos, donde los tonos dorados, anaranjados, rojizos y púrpuras se extienden por el firmamento, creando un fenómeno visual que cautiva a quienes lo presencian.
Este espectáculo de colores tiene una explicación científica fascinante. El fenómeno se debe a la dispersión de Rayleigh, un proceso físico en el que las moléculas de aire dispersan la luz solar. Al mediodía, cuando el sol está en lo alto, la luz viaja una distancia corta y las longitudes de onda azules y violetas se dispersan más, haciendo que el cielo se vea azul. Al amanecer y al atardecer, la luz del sol debe atravesar una capa atmosférica mucho más densa y larga. En este recorrido, las partículas atmosféricas dispersan las longitudes de onda más cortas (azules y violetas), permitiendo que las ondas más largas (rojas, naranjas y amarillas) lleguen a la vista, tiñendo el cielo con esos tonos cálidos.
Un factor único en Cabo Verde que intensifica estos atardeceres es su cercanía al desierto del Sahara. El polvo sahariano, a menudo transportado por los vientos, se suspende en la atmósfera de las islas. Estas finas partículas actúan como dispersores adicionales de la luz, filtrando aún más las longitudes de onda azules y potenciando la intensidad de los rojos y naranjas. El resultado es un espectáculo que se convierte en una experiencia sensorial y cultural para los visitantes y locales, que se reúnen en las playas y acantilados para contemplar un atardecer que ha convertido al cielo en uno de los mayores tesoros naturales del archipiélago.
En Cabo Verde, el cielo se tiñe de un intenso azul durante el día que, al atardecer, se funde en una explosión de tonos rojizos, anaranjados y púrpuras sobre el Atlántico.