Jhonny Alexis Lizcano L.
Esta parece ser la máxima que suele utilizar en los negocios y en la política Donald Trump, para justificar sus decisiones controversiales y legitimar sus intereses económicos e ideológicos. Y con ello, perpetuar su modelo de gobierno ultraconservador y de extrema derecha con el cual ha logrado cautivar y representar a miles de «patriotas», que ven en él la reencarnación del fascismo y el resurgimiento del «Ku Klux Klan».
Recordemos que dicho grupo de odio terrorista y supremacista blanco estadounidense, nacido en el siglo XIX después de la guerra de Secesión, tuvo desde su origen la misión de expandir el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo en todo el territorio norteamericano. Como fuerza de contención para evadir, prevenir y eliminar sistemáticamente cualquier nueva aparición ideológica, política, económica y física; contraria a sus creencias.
Por eso es deducible que la actual política del presidente Trump, esté soportada en repudiar a sus contradictores, creando una atmosfera antagónica de desprestigio, señalamiento y acusación. Para que posterior a sus declaraciones y epítetos, la carga mediática y simbólica de los medios de comunicación al servicio consciente o inconsciente del sistema, terminen reproduciendo o reafirmando el discurso de su portavoz como una opinión parcializada y sesgada.
De ahí que las acusaciones recientes hacia el presidente Petro, calificándolo de narcotraficante y promotor de la producción masiva de drogas en Colombia. Sumado a la «desertificación impuesta al país» en el mes de septiembre. Han sido más decisiones políticas de poder, que el resultado de un estudio técnico mesurado y objetivo.
Ahora bien, si analizamos la frase «el fin justifica los medios», atribuida erradamente por la historia a Maquiavelo. Pone en evidencia que no importa la manera de actuar o proceder, siempre y cuando se consiga un objetivo valioso o favorable para los intereses particulares o individuales. En este caso, posiblemente la «incursión armada a Venezuela» y ahora en Colombia, atribuyendo la misma justificación.
Todo lo anterior, deja entrever que la paranoia política de Trump, tiene como fin expandir a toda costa el «poderío estadounidense en el continente» en ciertos territorios estratégicos para su renacer capitalista. A través del sometimiento político y militar, la presión económica por medio de altas cargas arancelarias. Y sobre todo, el desprestigio ideológico de ser contradictor de los «Estados Unidos de América».
Lo irónico como suele suceder en Colombia, es que mientras muchos conciudadanos estadounidenses en el mundo vienen rechazando categóricamente el régimen de gobierno de Trump, por considerarlo despótico y tirano frente a los derechos humanos, la dignidad social y multicultural. La ultraderecha nacional y algunos ingenuos o incautos, enarbolan banderas y halagos a favor del radicalismo del «Tío Sam».


Siempre los gobiernos norteamericanos, se han acostumbrado, a que los demás países que no están a su nivel politico, economico, deben arrodillarse ante el. Pero lo peor de todo, son los gobiernos mediocres y capitalistas que nos han regido durante décadas que han permitido el abuso y de este país. Ahora con Donald Trump a la cabeza una persona mísera, dominante y capitalista quiere subyugar y esclavizar para su propio beneficio, para tener el control de mas territorios y explotarlos a su beneficio.