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Naufragio de la Traición: EL FRACASO DE LOS «VIUDOS DEL PODER» Y SU APUESTA POR EL «ARRODILLAMIENTO» ANTE TRUMP

Tras su estrepitoso fracaso al ser ignorados por las altas esferas de la administración Trump, la ultraderecha del Congreso colombiano debió conformarse con buscar el favor de congresistas republicanos afines para implorar por la descertificación y la salida del presidente Petro. Sin acceso a la Oficina Oval, los legisladores opositores terminaron protagonizando un despliegue de «turismo político», tomándose fotografías frente a edificios gubernamentales para simular una relevancia internacional que Washington, en la práctica, les negó.

 

 

LOS«VIUDOS DEL PODER», «ARRODILLADOS» Y «VENDEPATRIAS» FRACASAN EN TUMBAR AL PRESIDENTE PETRO

 

Javier Sánchez

Primicia Diario

A inicios de 2026, la atmósfera política en Colombia ha alcanzado un punto de ebullición que desborda las fronteras nacionales. La derecha, tras décadas de hegemonía estatal y hoy confinada a una oposición que muchos analistas tildan de «viuda del poder», ha radicalizado su estrategia. Ante la imposibilidad de quebrar la agenda de Gustavo Petro en el legislativo o en las plazas, este sector ha volcado sus esperanzas en una alineación total con Donald Trump, desatando una guerra sin cuartel que, para sus críticos, ha cruzado la delicada línea de la traición a la patria.

 Ahora la ultraderecha colombiana está aliada con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa para combatir al presidente Petro y ocasionar una crisis económica en el país.

El Narcotráfico

La narrativa opositora ha centrado su ataque en un dardo envenenado: la supuesta complicidad del actual Gobierno con las mafias. Líderes de la extrema derecha, como el abogado Abelardo de la Espriella, han llegado al extremo de enviar misivas a Washington calificando a Petro de «aliado del narcoterrorismo». Sin embargo, para el observador agudo, esta acusación carece de la necesaria autoridad moral.

La historia reciente y expedientes judiciales aún frescos revelan que son los sectores de la derecha tradicional quienes han convivido con la sombra del «Clan del Golfo» y los herederos de la parapolítica. Mientras señalan al Ejecutivo, omiten los desfalcos billonarios de administraciones pasadas —como los casos de Centros Poblados o la UNGRD—, donde figuras de los partidos tradicionales protagonizaron algunos de los robos más cínicos al erario público.

«Quinta Columna» en busca de la Intervención

Al verse despojados de los privilegios del Palacio de Nariño, sectores de la oposición han adoptado una postura que académicos califican de «arrodillamiento». Tras los bombardeos estadounidenses en Caracas a principios de enero de 2026, la derecha colombiana no solo aplaudió el uso de la fuerza, sino que invitó implícitamente a Trump a «limpiar la casa» en territorio nacional.

Esta táctica de «vendepatrias» se ha materializado en:Viajes constantes a Florida para suplicar la descertificación de Colombia y la imposición de aranceles, una jugada que golpearía el bolsillo de todos los ciudadanos con tal de asfixiar políticamente al Gobierno.

El deseo de que la Casa Blanca actúe como el «verdugo» de la democracia interna, prefiriendo la tutela extranjera antes que aceptar la alternancia en el poder.

 Una Tregua Inesperada

El castillo de naipes de la oposición sufrió un sismo inesperado el 6 de enero de 2026. La llamada telefónica entre Donald Trump y Gustavo Petro, marcada por un tono «cordial y respetuoso», dejó a la derecha en un limbo táctico. Ver a un Trump pragmático —el mismo que ellos esperaban que fuera un martillo implacable— reconociendo la interlocución con Petro, desinfló la narrativa de la intervención inminente.+–

Como señala el diario «El País», esta reconciliación diplomática forzó a los candidatos opositores a buscar desesperadamente nuevos «caballos de batalla». La fragmentación es hoy evidente: mientras la derecha tradicional intenta retornar a la crítica institucional, la ultraderecha se siente «traicionada» por Washington, radicalizando ataques personales que ya no encuentran eco en la Oficina Oval.

La etiqueta de «arrodillados» que hoy pesa sobre la derecha colombiana no es un simple insulto de campaña. Es la consecuencia de una élite que, en su desesperación por recuperar el control del presupuesto nacional, parece haber decidido que su patriotismo es negociable y que la soberanía de Colombia es un precio justo a pagar por el retorno al poder.

Los alcaldes de Medellín y Cali también acudieron ante congresistas de la ultraderecha estadounidense para acusar a Petro, solicitar la descertificación de Colombia y clamar por una intervención que derroque al mandatario. Tras ser ignorados por los canales diplomáticos oficiales, los mandatarios locales debieron conformarse con capturar imágenes en sedes gubernamentales para simular un respaldo político que Washington, en la práctica, les negó.

Los congresistas Bernie Moreno y Carlos Giménez, convertidos en ejecutores de la agenda de la ultraderecha colombiana, han reducido su labor en Washington a simples «mandaderos» de una oposición desesperada por la descertificación de su propio país. Su gestión, lejos de influir en la Casa Blanca, ha quedado relegada a coordinar sesiones fotográficas para una dirigencia que busca en el extranjero la legitimidad que no encuentra en las urnas.