Primicia Diario
El panorama de la geopolítica actual se ha visto sacudido por la irrupción de una tecnología que parece desafiar las leyes de la guerra convencional. Lo que inició como una serie de susurros en los pasillos de inteligencia se ha consolidado como el centro del debate internacional: el «Discombobulator». Este dispositivo de energía dirigida, cuya existencia fue sugerida tras los vertiginosos eventos de enero de 2026 en territorio venezolano, representa el nacimiento de una era donde el campo de batalla es el sistema nervioso y el espectro electromagnético.
Una revelación desde el alto mando
El velo de misterio comenzó a desvanecerse tras las polémicas declaraciones del expresidente Donald Trump. Durante una entrevista concedida al New York Post, el mandatario hizo alusión directa al sistema al describir la parálisis tecnológica sufrida por las fuerzas de defensa en Caracas: «El Discombobulator. No tengo permitido hablar de ello, pero hizo que sus equipos no funcionaran. Presionaban botones y nada pasaba». Esta confesión no solo confirmó el nombre del arma, sino que subrayó su capacidad para anular la respuesta enemiga sin necesidad de un solo disparo físico.
Entre la ciencia ficción y la parálisis sensorial
Expertos en defensa estratégica califican este sistema como una «Arma de Energía Dirigida» (DEW por sus siglas en inglés) de una sofisticación sin precedentes. Sus capacidades se dividen en tres frentes críticos: la interferencia total del espectro para neutralizar radares de fabricación rusa y china, el apagón selectivo de infraestructuras vitales y, el punto más inquietante, la «incapacitación sónica humana». Testimonios recopilados hablan de una «onda intensa» que provoca colapsos físicos inmediatos, emulando y potenciando los efectos del enigmático «Síndrome de La Habana».
El rastro de un ataque invisible
A diferencia de las armas acústicas tradicionales, los efectos reportados del «Discombobulator» sugieren una manipulación de radiofrecuencias pulsadas que impactan directamente en el cerebro. Los informes médicos describen cuadros de desorientación espacial extrema, sangrado de mucosas y un «pánico inducido» mediante infrasonidos que el oído no percibe, pero que el instinto procesa como una amenaza letal. Esta tecnología no solo busca la victoria militar, sino la quiebra absoluta de la voluntad psicológica del adversario, transformando el aire mismo en un arma de asedio silenciosa.
El velo de misterio comenzó a desvanecerse tras las polémicas declaraciones del expresidente Donald Trump. Durante una entrevista concedida al New York Post.
