En estos momentos, cuando el oro sobrepasa los 5.400 dólares la onza y el kilo se paga en Colombia a 800 millones de pesos, la cocaína apenas alcanza los 25 mil dólares en las calles de Nueva York.
El Porce
Cuando los conquistadores españoles llegaron a invadir los territorios indígenas colombianos ,vinieron buscando oro para enriquecerse fácilmente.
Como lo encontraron colgado de las orejas ,narigueras, cuellos y pechos de los indios, les creció la ambición .
No hubo freno para hallar la fuente de esa riqueza.
Asustaron con los caballos y mosquetes, torturaron y mataron los que tenían que matar tratando de saciar su sed del brillante metal ,el que curiosamente no era valorado como riqueza por los primitivos habitantes de este territorio quienes, luego de culminar las orfebrerías ,botaban el oro a sus aguas.
Por siglos ,la corona española se llevó todo el mineral que pudieron así fuera profanando tumbas o barequeando en los ríos de las montañas auríferas.
Cuando llegó la independencia Bolivar decretó en 1829 que todas las minas pertenecían a la república , sentando las bases para que cualquier explotación requiriera autorización estatal.
Desde allí comienza la clasificación y estigmatización y ya fuese con más decretos, con códigos mineros o con medidas alcabaleras se protegió a los dueños de las minas o a las concesiones entregadas a extranjeros o antioqueños hasta crear la humillante nominación de informales e ilegales, que dura en nuestros días .
En estos momentos, cuando el oro sobrepasa los 5.400 dólares la onza y el kilo se paga en Colombia a 800 millones de pesos, la cocaína apenas alcanza los 25 mil dólares en las calles de Nueva York.
Ahí, en esa diferencia reside el fundamento para perseguir por ilegales o informales a los que no han redactado las leyes ni ejercido el poder, pero hoy tienen la maquinaria amarilla ,el cianuro y el mercurio y unas ganas muy colombianas de saltarse las leyes ambientales, con el apoyo de los ejércitos de los traquetos que abundan en la geografía nacional .
