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Restaurante donde el cuerpo es opcional y el sabor es software: FESTÍN DE BITS EN TOKIO

El futuro de Tokio se escribe con neón y silicio, ha nacido una revolución que desafía los límites de la biología. «Synesthesia Lab» no es solo un restaurante; es el primer santuario de la «gastronomía de datos»,

 

 

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Tokio ha inaugurado un recinto donde el placer es obligatorio, pero el cuerpo es opcional. A través de la ingeniería de impulsos eléctricos, platos como el «Bistec de Datos» permiten saborear el pasado a través de la tecnología del futuro. Ya no se trata de ingerir alimentos, sino de alimentar la conciencia en una experiencia donde la gastronomía es, por fin, una forma de software

En el corazón de Minato, el distrito donde el futuro de Tokio se escribe con neón y silicio, ha nacido una revolución que desafía los límites de la biología. «Synesthesia Lab» no es solo un restaurante; es el primer santuario de la «gastronomía de datos», un espacio donde las mesas están reservadas para máquinas, pero las sensaciones pertenecen a humanos que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. Aquí, la cena ya no es un acto fisiológico, sino una experiencia de telepresencia pura que convierte al comensal en un «avatar» de alta fidelidad.

Despliegue de los avatares

La coreografía en el salón es asombrosa: robots humanoides de movimientos fluidos ocupan las sillas, giran sus cabezas para entablar conversaciones y gesticulan con una naturalidad inquietante. Detrás de cada autómata hay un usuario en Londres, Nueva York o Bogotá, quien, provisto de cascos de realidad virtual y trajes hápticos, habita el cuerpo robótico. Esta «socialización sintética» permite que la élite digital comparta una mesa en Japón sin haber cruzado una sola frontera física, transformando el acto de comer en un evento de conectividad global.

Hackeando el sentido del gusto

El verdadero prodigio ocurre en el paladar del usuario. A través de la tecnología «Electric Tongue», un dispositivo lingual equipado con geles electrolíticos, el restaurante logra transmitir sabores mediante impulsos eléctricos controlados. Al activar las papilas gustativas con precisión matemática, el sistema engaña al cerebro para que perciba el dulce, el salado o el umami sin que una sola molécula de alimento real haya pasado por la garganta. Es la culminación de la simulación sensorial: el sabor se ha convertido en código.

«Bistec de Datos»

La propuesta culinaria de «Synesthesia Lab» se adentra en el terreno de lo imposible con su plato estrella: el «Bistec de Datos». Se trata de una reconstrucción química basada en el ADN de especies de ganado ya extintas, cuyos sabores han sido rescatados del olvido mediante algoritmos. Este menú no nutre el estómago, sino que alimenta la memoria gustativa, simulando incluso el aroma del humo de leña y la textura de la carne mediante frecuencias de datos. En este laboratorio de sensaciones, la cocina ha dejado de ser materia para transformarse, finalmente, en una forma sublime de arte digital.