El ajedrez diplomático que se jugará mañana en Washington, los presidentes de Colombia, Gustavo Petro y de Estados Unidos, Donald Trump.
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Internacional
El presidente Gustavo Petro encara la misión más crítica de su mandato al aterrizar en Estados Unidos bajo un permiso excepcional de cinco días. Mañana martes 3 de febrero, el Despacho Oval será el escenario de un cara a cara histórico con Donald Trump, en un intento por desactivar meses de hostilidades diplomáticas, sanciones financieras y la reciente revocación de visas al alto gobierno colombiano.
El salvoconducto
Tras la captura de Nicolás Maduro en enero, la tensión escaló al punto de que el Departamento de Estado solo otorgó un visado temporal exclusivamente para esta cumbre. La canciller Rosa Villavicencio viaja con garantías de inmunidad total otorgadas por Marco Rubio, buscando blindar la investidura presidencial ante las graves acusaciones de la Casa Blanca. Junto a ellos, el Director de Inteligencia y el Ministro del Interior llevan la tarea de probar, con cifras de incautaciones récord, que Colombia no es el «estado fallido» que Trump describe en sus redes.
Tres escenarios
La diplomacia internacional observa con cautela los posibles desenlaces de esta cita:
Petro aspira a que Colombia sea retirada de la «lista Clinton» y se restablezcan las visas. Para ello, pondría sobre la mesa la reactivación de la aspersión con glifosato y los vuelos de deportación, cediendo en puntos históricos a cambio de oxígeno económico.
Existe el riesgo de una ruptura definitiva si Petro insiste en cuestionar el arresto de Maduro o la política exterior estadounidense. Esto derivaría en aranceles del 25% a productos nacionales y el fin de la cooperación militar.
Un pacto de conveniencia donde Petro asuma el rol de «guardián del Darién» para frenar la migración, a cambio de que Trump cese sus ataques personales y mantenga el flujo comercial.
«Libertad o Muerte»
Petro, llega a Washington con una presión interna asfixiante tras el aval a una Asamblea Constituyente en Colombia, movimiento que Trump suele interpretar como una «deriva autoritaria». Bajo la consigna de «es libertad o muerte», Petro busca defender la soberanía nacional frente a un Marco Rubio que no ha dudado en calificarlo de «lunático». La moneda está en el aire: o se refunda la alianza estratégica o se firma la mayor desconexión diplomática en un siglo.
