Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia y Vicky Davila se disputan la nominación de la derecha.
Javier Sánchez
Política
Abelardo de la Espriella ya no es el hombre que observa el poder desde la barrera de los tribunales o el lujo de sus redes sociales. El abogado monteriano ha dejado de ser un espectador para consolidarse como el gran beneficiario del caos en el Pacto Histórico. Hoy, lidera las encuestas de una derecha que busca desesperadamente un antagonista a la actual gestión.
A fecha de 7 de febrero de 2026, De la Espriella ha logrado lo que parecía impensable: superar la barrera del «reconocimiento» para convertirse en una opción de poder real. En el último sondeo de AtlasIntel, Abelardo ostenta un 32,1% de intención de voto, superando por un estrecho margen al alfil del oficialismo, Iván Cepeda (31,4%).
Su estrategia ha sido tan simple como efectiva: presentarse como el «antagonista perfecto». Mientras figuras como Roy Barreras luchan por las migajas del progresismo con apenas un 2,7%, De la Espriella unifica a los «huérfanos» del uribismo y la derecha tradicional. No se define como político, sino como un «empresario exitoso» que viene a gerenciar un Estado quebrado bajo un estilo que recuerda la mano dura de Bukele o el histrionismo de Trump. Su narrativa es una obsesión por la seguridad: promete bloques de búsqueda contra la extorsión y el fin de cualquier proceso de paz con grupos criminales.
La derecha fragmentada
Sin embargo, el camino de De la Espriella no está despejado. La derecha colombiana se ha fracturado en bloques que amenazan con restarle el aire necesario para una victoria definitiva:
El «Bloque de los Seis»: Una alianza nacida a finales de 2025 que agrupa a figuras como Juan Manuel Galán, Juan Daniel Oviedo, David Luna, Mauricio Cárdenas, Aníbal Gaviria y la periodista Vicky Dávila. Su apuesta es el «cambio con experiencia», distanciándose del radicalismo de Abelardo para atraer a un centro temeroso de los extremos.
Vicky Dávila, la rival interna: La periodista ha tenido un ascenso meteórico, alcanzando el 15,4% de intención de voto. Es la única que le disputa a De la Espriella el discurso de la «mano dura» pero con un rostro que conecta con sectores populares y femeninos.
El Uribismo «Puro»: Tras la salida de figuras como María Fernanda Cabal, la senadora Paloma Valencia abandera la estructura del Centro Democrático con un 26,9% dentro de su consulta. Su choque con Abelardo es ideológico: ella defiende la institución; él, la disrupción del outsider.
Donde se ganan los votos
El tablero regional está que arde. La oposición ha entendido que la presidencia se gana en las estructuras de los departamentos:
Antioquia: Sigue siendo el fortín en disputa entre el uribismo y el bloque de Aníbal Gaviria, quien moviliza al empresariado paisa.
La Costa Atlántica: Es el terreno sagrado de De la Espriella. Allí, su discurso de identidad regional y éxito personal está barriendo en departamentos como Córdoba y Sucre.
Bogotá: Es el refugio del voto de opinión donde Juan Daniel Oviedo y David Luna mantienen a raya el avance de la derecha más radical.
Abelardo de la Espriella es hoy el favorito, pero su mayor riesgo es la atomización. Si llega a mayo con Vicky Dávila o Paloma Valencia también en el tarjetón, podrían anularse entre sí. En ese escenario de canibalización, la derecha le estaría entregando las llaves de la Casa de Nariño a un Iván Cepeda.