«Lucho» Díaz, atribuyó el éxito al trabajo en equipo y a la bendición divina, manteniendo la sencillez que lo define desde sus inicios en La Guajira.
«Lucho» Díaz marcó tres goles y generó dos penales en el 5-1 del Bayern, logrando una calificación de 10 puntos y consolidándose como la figura absoluta de la Bundesliga.
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En el fútbol, como en la vida, hay quienes olvidan el camino al llegar a la cima. Pero ayer domingo 8 de febrero de 2026, mientras el Allianz Arena se rendía a sus pies, Luis Díaz demostró que su verdadero superpoder es la memoria. Con una calificación perfecta de 10 puntos y el balón del partido bajo el brazo, el colombiano firmó su primer «hat-trick» con el Bayern Múnich en una goleada 5-1 ante el Hoffenheim que ya es leyenda.
Desde el pitazo inicial, Díaz fue un vendaval: tres goles de distinta factura y dos penales provocados que Harry Kane transformó en gol. Fue una actuación de esas que ocurren una vez cada década. Sin embargo, lo que más conmovió a los 75.000 espectadores no fueron sus fintas, sino su reacción al final: mientras el estadio estallaba en júbilo, Luis buscó el balón con la timidez de quien acaba de ganar un torneo de barrio en su natal Barrancas.
Detrás del brillo del «diez» perfecto, late la historia del niño wayúu que alguna vez jugó descalzo sobre la arena de La Guajira. Esa humildad, que muchos pierden en los aeropuertos de Europa, es la que mantiene a Díaz con los pies en la tierra mientras su fútbol vuela alto. «Es un regalo de Dios. Solo trato de ayudar a mis compañeros», dijo con la misma sonrisa sencilla de sus días en el Barranquilla FC.
Ver a «Lucho» hoy es ver la resiliencia hecha futbolista. A pesar de valer millones y ser la estrella del gigante bávaro, sigue celebrando cada gol con el alma, como si fuera el último. Al salir del campo, saludó a cada recogebolas y firmó autógrafos con paciencia infinita. En ese gesto reside su verdadera grandeza: ser uno de los mejores del mundo sin permitir que el éxito le borre las cicatrices, ni la sencillez, de su origen.