Julio Pinedo, conocido como Don Julio I, es una figura singular en la historia política y cultural del continente americano.
Julio Pinedo, conocido como Don Julio I, es una figura singular en la historia política y cultural del continente americano. Reconocido como el último rey de América, encarna la continuidad histórica, simbólica y jurídica de la Realeza Afroboliviana, una institución ancestral que ha sobrevivido a la esclavitud, la República y la modernidad, y que hoy goza de reconocimiento constitucional en el Estado Plurinacional de Bolivia.
El origen de la Casa Real Afroboliviana se remonta al continente africano. El Príncipe Uchicho, hijo de un rey tribal del actual Senegal, fue traído a Bolivia alrededor de 1820 como parte de uno de los últimos contingentes de esclavos africanos. Destinado a trabajar en la Hacienda del Marqués de Pinedo, en la región de Los Yungas, su condición real fue pronto identificada por los demás africanos, quienes reconocieron en las marcas rituales de su cuerpo los signos propios de la realeza. En 1832, Uchicho fue solemnemente coronado rey, recibiendo desde África los símbolos de su dignidad: corona, capa, bastón de mando y vestimenta ceremonial.
A Uchicho le sucedió Bonifaz, quien adoptó el apellido Pinedo, conforme a la costumbre de la época, quer era agregarse el apellido de los antiguos esclavistas; seguido por Don José y Don Bonifacio I, coronado en 1932. Este último fue ampliamente recordado por la comunidad afroboliviana por presidir las fiestas de San Benito en Mururata, donde era llevado en andas, revestido de los atributos reales, y encabezaba celebraciones cargadas de música, danza y exaltación identitaria. Don Bonifacio falleció en 1954, dejando descendencia que mantuvo viva la tradición monárquica.
Julio Pinedo, el actual monarca afroboliviano, nació en Mururata el 19 de febrero de 1942. Nieto del rey Bonifacio I, fue reconocido por su comunidad como heredero legítimo de la tradición real. La primera coronación de Don Julio tuvo lugar el 18 de abril de 1992, festividad de San Benito, patrono de la comunidad afroboliviana de Los Yungas. En una ceremonia solemne, celebrada en la Hacienda del Marqués de Pinedo, fue proclamado Rey de los Afrobolivianos por su propio pueblo, entre cantos, tambores, símbolos religiosos y la entrega del manto rojo, el cetro y la corona.
Quince años después, el 3 de diciembre de 2007, se produjo una segunda coronación, esta vez de carácter oficial y estatal. La Prefectura del Departamento de La Paz, mediante la Resolución 2033 de 15 de noviembre de 2007, reconoció formalmente a Julio Pinedo como Rey Afroboliviano, fijando la fecha de su coronación y exigiendo a la población el respeto y consideración debidos a su dignidad. El acto incluyó un desfile en la Plaza Murillo y la imposición de los símbolos reales por parte de la máxima autoridad departamental, consolidando así su indiscutible legitimidad pública, basada en los principios de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia.
Desde el punto de vista jurídico-constitucional, la posición de la Realeza Afroboliviana resulta hoy incontestable. La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia de 2009 reconoce expresamente a las comunidades afrobolivianas como parte constitutiva de la nación boliviana (artículo 3) y les garantiza los mismos derechos económicos, sociales, políticos y culturales que a las naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos (artículo 32). El artículo 30, parágrafo II, consagra derechos esenciales como la identidad cultural, la libre determinación, el ejercicio de sistemas políticos y jurídicos propios y la integración de sus instituciones en la estructura general del Estado.
Este reconocimiento constitucional implica, de manera directa, la validación jurídica de las instituciones tradicionales afrobolivianas, entre ellas la Monarquía Afroboliviana. A ello se suma el Decreto Supremo n.º 29894 de 2009, que establece medidas para preservar y fomentar las particularidades culturales, organizativas y representativas de esta comunidad, así como la legislación posterior boliviana, que declaró el 23 de septiembre como el Día Nacional del Pueblo Afroboliviano.
En consecuencia, la República Plurinacional de Bolivia ha decidido soberanamente integrar la Monarquía Afroboliviana en su sistema político y cultural, otorgándole legitimidad, tutela y protección constitucional. De este reconocimiento deriva el fons honorum de Su Majestad el Rey Don Julio I, cuya autoridad tradicional le permite ejercer prerrogativas propias del derecho premial, incluyendo la concesión de reconocimientos, órdenes caballerescas, títulos nobiliarios y dignidades de su Casa Real, las cuales han sido ratificadas por autoridades estatales.
Casado desde hace décadas con la Reina Doña Angélica Larrea, Don Julio I es padre del Príncipe Rolando, heredero al trono. Más allá de su dimensión simbólica, el Rey Afroboliviano representa el alma, la memoria histórica y la dignidad de un pueblo que, tras siglos de invisibilización, ha encontrado en la Constitución y en su monarca un reconocimiento pleno. Así, Julio Pinedo no es solo el último rey de América, sino un testimonio vivo de la pluralidad jurídica, cultural e histórica del continente.
