La moda cada día se descontrola especialmente en la vestimenta
“La moda que hago consiste en vivir la vida de acuerdo a lo que sientes y en encontrar tu verdadero yo más que en tener un logotipo que colgarte en la espalda”
(Christian Lacroix)
Ma. Del Rosario Higuera S.
Psicóloga – Clínica de lo Social –
Especial para Primicia.
La sociedad moderna frente a la estética corporal, experimenta una abarcante demanda alcanzando los umbrales de lo paradigmático, pues el fenómeno de la moda, el uso de accesorios y correctivos, están haciendo del cuerpo el modelo ideal para lucir lo que la sociedad de consumo brinda como vehículo de comunicación permeado por lo mediático.
Esto ha obligando a que este fenómeno sea examinado no solo desde lo Estético, sino también desde lo Político, jurídico y Ético. Desde lo Estético porque se crean vínculos, en los que la forma reconquista dimensiones innovadoras al crear estilos y diseños, Político porque el fenómeno intenta encontrar espacios de manipulación como herramienta de comunicación en el contexto social de sus dirigentes, Jurídico porque toca legislar sobre los abusos y excesos frente al consumidor y Ético, porque genera discursos que surgen de las costumbres protocolarias que la moda impone con la globalización.
Es interesante ver como mujeres y hombres de todas las edades y de forma subjetiva, se ven atrapados en el afán de convertirse en el centro de la mirada social y como las niñas en plena adolescencia piden ser intervenidas, sin siquiera haber logrado aún el total desarrollo de su crecimiento.
Es este un fenómeno que no debe pasar desapercibido, pues a consecuencia de ello, son muchos los hogares que se han visto afectados por múltiples problemas que han acarreado intervenciones desfavorables, tanto para el paciente como para la familia, ya que algunos, incluso, han muerto a causa de una mala intervención o porque al final de la operación han visto rotas las ilusiones, cuando estas no fueron las esperadas.
La moda masculina
“La moda que hago consiste en vivir la vida de acuerdo a lo que sientes y en encontrar tu verdadero yo más que en tener un logotipo que colgarte en la espalda”
Christian Lacroix
De hecho, la mirada del cuerpo por parte de la sociedad actual, muestra como la colectividad desea poseer una silueta perfecta, de origen narcisista, resultado de la imagen mental que la persona ha elaborado de sí, establecida por un exterior dominante e introyectada del pensamiento colectivo, bajo la creación de expertos cirujanos estéticos y diseñadores de modas, que como “arquitectos” del cuerpo saben publicitar el modelo de masa ideal, que aparece en cada pasarela, cliché o boutique, mostrando las siluetas de lo que ellos creen es la figura bella, para lucir uniformemente los diseños de las grandes agencias de la moda y el “confort”.
No es raro ver a un prototipo de personaje estereotipado que deambula por doquier, con una identidad prestada a uno de los múltiples ídolos del momento, que se transforma caprichosamente de acuerdo a como aquél lo haga y que por ello, visite continuamente las clínicas, centros de estética y demás, en busca de nuevas intervenciones que le llenen el vacío existencial que tiene en el interior, tal como lo analizaba ya Víctor Frank a mediados del siglo pasado.
Las personas son discriminadas por lucir un cuerpo que no cumpla con los cánones establecidos por la moda y como se saturan los espacios publicitarios incitando a que las personas compren infinidad de formulas “mágicas”, elixires y que visiten clínicas estéticas, para lograr la eterna juventud, tener el mejor perfil, grandes nalgas y pechos a través de la silicona, o del uso de estos centros para reducir quirúrgicamente la grasa sobrante del cuerpo. Es como si enganchándose en estos planes, compraran el boleto para poder ser admitidos en un megaclub, donde los integrantes poseen un estilo de vida exclusivo, donde la mirada estuviera fijamente puesta en el cuerpo, la moda y el consumismo.
Entrar en la madures o ser viejo, se está convirtiendo casi en una vergüenza pública para algunas personas, porque la imagen corporal que van luciendo estéticamente no se ajusta al nuevo prototipo social, viéndose en la necesidad de encontrar soluciones para sus flácidas carnes, necesitando por ello volver a recuperar a toda costa la lozanía, esbeltez e irradiar de nuevo la juventud que se escapa, debiendo acudir ansiosamente a un experto quien luego de pruebas y sofisticadas triquiñuelas, dictamina cual puede ser el perfil conveniente para la persona en consulta.
Es interesante apreciar como en el recorrido que hace la persona en busca del mejor lugar para dicha operación, encuentra múltiples planes o términos comerciales pagaderos en tarjeta de crédito, cheque o como ha bien le venga en gana al cliente, porque lo más importante es que la persona se enganche en el programa.
La moda no incomoda y por el contrario seguirla constituye ser centro de atracción
Ahora, nadie está dispuesto a saber nada que le confronte con la finitud de la vida o con la muerte, pues a ella se le tiene atada para que no alcance a ninguno, para ello, al cuerpo se le maquilla, se le ponen prótesis y se le hacen trasplantes y sofisticadas intervenciones así este el moribundo con el deseo natural de continuar el viaje.
Hoy se ocultan los deterioros que el tiempo inexorablemente deja como huella de un camino recorrido por el sendero de la vida, no siendo raro ver como personas que van llegando a mayor madurez, se muestren ansiosas y con preocupación cuando las canas, los pliegues en el cuerpo o las arrugas hacen su aparición.
Todo lo anteriormente descrito, no quiere decir que la moda es mala, pero si es ejemplo de que en medio de todo esta dispersión publicitaria, en torno a un cuerpo juvenil y lozano, se esconde un síntoma humano, que está llevando a desencadenar una serie de patologías graves, como depresión, ansiedad, anorexia y la bulimia en el afán de querer las personas ser aceptadas socialmente.
Desde la niñez empieza la esclavitud de la moda


