En pleno corazón del occidente capitalino y a plena luz del día, un nuevo hecho de sangre confirma el clamor ciudadano: Bogotá se ha sumido en el caos de un territorio que hoy parece no tener ni Dios ni ley.
Rafael Camargo Vásquez
Judicial
Ayer lunes 16 de marzo de 2026 pasará a la historia como una jornada más en la que la muerte caminó libre por las calles de una capital que parece haber perdido el rumbo. En pleno corazón del occidente de la ciudad, a plena luz del día y ante la mirada atónita de los transeúntes, un nuevo hecho de sangre confirmó lo que la ciudadanía grita a voces: Bogotá se ha convertido en un territorio sin Dios y sin ley.
Plomo y sangre en el paradero
Eran aproximadamente las 2:00 p.m. cuando el estallido de las balas rompió la rutina en la calle 22D con carrera 69B, en el sector de Ciudad Salitre. En un paradero de buses, a escasos metros de la Terminal de Transporte —un punto neurálgico de alta afluencia—, un hombre de aproximadamente 35 años fue interceptado mientras sostenía una conversación telefónica.
El ataque fue ejecutado con precisión quirúrgica. Dos sujetos a bordo de una motocicleta se aproximaron a la víctima; el parrillero, sin mediar palabra, desenfundó su arma y disparó en repetidas ocasiones. Mientras el hombre caía sin vida sobre el pavimento, los sicarios emprendieron la huida, perdiéndose entre el tráfico denso de la localidad de Fontibón.
Inseguridad total
Este crimen no es un hecho aislado, sino el síntoma de una inseguridad total que mantiene a los bogotanos en un estado de zozobra permanente. La audacia de los criminales para actuar en sectores residenciales y comerciales evidencia la fragilidad de las estrategias de seguridad vigentes.
«Bogotá está a merced del hampa. Ya no hay respeto por la autoridad ni temor por la ley», comentaban transeúntes indignados que presenciaron el despliegue del CTI.
Lo que más exacerba el malestar ciudadano es la perceptible ausencia de los funcionarios de la Alcaldía Mayor. Mientras las familias lloran a sus muertos en las aceras, la administración parece brillar por su ausencia, dejando un vacío de liderazgo que es aprovechado por las bandas criminales para imponer su propia justicia.
El balance de las autoridades
Unidades de la Policía Metropolitana y peritos de la Fiscalía realizaron la inspección técnica del cadáver bajo un sol inclemente que iluminaba la mancha de sangre en el asfalto. Aunque la hipótesis principal apunta a un ajuste de cuentas, el trasfondo es mucho más oscuro: una ciudad donde la vida humana ha perdido su valor ante la inoperancia estatal.
La comunidad de Ciudad Salitre permanece en estado de máxima alerta ante la creciente y desmedida audacia de los delincuentes en el sector. La alarmante frecuencia de estos actos violentos ha sembrado el pánico entre los residentes, quienes denuncian una desprotección total.