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Simón Vélez: EL LENGUAJE UNIVERSAL DEL «ACERO VEGETAL»

Una catedral de «acero vegetal» donde la ingeniería de vanguardia y la tradición vernácula se funden en una estructura orgánica de belleza atemporal. Es el testimonio vivo de cómo la guadua, bajo la visión de Simón Vélez, se eleva como un material noble capaz de sostener el futuro.

 

 

 

 

Luis Fernando Orozco Gutiérrez

Simón Vélez Jaramillo, el arquitecto manizaleño que ha revolucionado la construcción contemporánea, no se considera un ecologista convencional. Para él, la arquitectura debe ser «vegetariana», un equilibrio necesario frente a una industria que se ha vuelto excesivamente «mineralista». Su maestría con la guadua —a la que bautizó como el «acero vegetal»— le ha permitido llevar el nombre de Colombia a los escenarios científicos y estéticos más exigentes del mundo.

Una trayectoria de reconocimiento global

Nacido en Manizales en 1949 y formado en la Universidad de los Andes, Vélez ha diseñado estructuras icónicas en Alemania, Francia, Estados Unidos, China, India y Brasil, entre otros países. Su palmarés incluye el prestigioso Gran Premio Príncipe Claus (2009) en Holanda y el premio honorario de la Sociedad Americana de Arquitectos del Paisaje (2006).

En su tierra natal, su impacto es innegable. Obras como el Pabellón Zeri en el Recinto del Pensamiento, el edificio de la Cárder en Risaralda y la Torre del Parque del Café son hoy símbolos del Eje Cafetero. Este legado le mereció ser proclamado como el «Caldense del Año 2013», destacándose entre 21 postulantes por su ingenio para transformar un material vernáculo en alta ingeniería.

El hallazgo que cambió un oficio

El romance de Vélez con la guadua nació de una imposición externa hace tres décadas, cuando un cliente lo obligó a usarla para una estructura de caballerizas. Fue allí donde descubrió su gran innovación: inyectar cemento en los nudos vacíos del bambú para permitir uniones sólidas. «Eso para mí fue una revolución que cambió totalmente mi oficio de arquitecto», confiesa.

Desde entonces, su trabajo ha sido fundamental no solo en la estética, sino en la legislación. Vélez fue el redactor de la normativa que regula el uso de la guadua en Colombia, frenando intentos por excluirla del código de construcción nacional.

De la Expo Hannover a la vivienda social

Su proyección internacional se consolidó en la Expo Hannover 2000 y se reafirmó con la monumental escultura de cinco mil metros cuadrados en el Zócalo de Ciudad de México para el artista Gregory Colbert. No obstante, su mirada actual se dirige hacia un propósito más humano: la vivienda de interés social. A través del uso de esterilla prensada y estructuras mixtas de guadua laminada, busca demostrar que es posible construir hábitats «buenos, bonitos y baratos».

El hombre detrás de la estructura

Simón es un hombre de contrastes. Definido por sus cercanos como obsesivo y rebelde —famoso por sus disputas intelectuales con figuras como Rogelio Salmona—, conserva una sencillez casi ascética. Prefiere el entorno colonial de La Candelaria en Bogotá y visita Manizales con frecuencia para ver a su madre, doña Gloria Jaramillo, siempre con su característica estampa despreocupada que ignora las etiquetas sociales.

Es un calculista intuitivo que prefiere el lápiz y el papel antes que el ordenador. Su talento, heredado quizá de su abuelo Roberto Vélez y su padre Roberto Vélez Sáenz, ambos constructores, sigue vigente y en constante evolución.«Nos falta integrar la agricultura con la industria de la construcción», señala Vélez, convencido de que la guadua no es un material del pasado, sino el futuro sostenible de la economía nacional.

Nota personal: Aprovecho estas líneas para reiterar mi petición a Simón: el diseño de una de sus estructuras para el Parque Observatorio de Calandaima, en Miranda. Una obra que, grabada en madera o guadua, sirva como monumento a los tiempos de paz que tanto anhelamos.

Simón Vélez Jaramillo

Una silueta magistral que se alza como vigía del Paisaje Cultural Cafetero, donde el «acero vegetal» desafía las alturas bajo un atardecer de arreboles. Esta torre es el símbolo de una ingeniería que rinde tributo a la tierra, transformando la guadua en un hito de identidad y belleza.

Una nave de guadua que se eleva con la solemnidad de una catedral, donde la luz se filtra entre el tejido de «acero vegetal» para cobijar la fe. Es la máxima expresión de una arquitectura orgánica que transforma lo rural en un escenario sagrado y monumental.

Un despliegue monumental de ingeniería en el corazón de México, donde el pabellón de guadua de Simón Vélez redefine el espacio público con una estética orgánica y audaz. Esta estructura efímera es el testimonio de cómo el «acero vegetal» puede dialogar con la historia urbana a una escala verdaderamente global.

Una estructura circular de guadua que emerge armónicamente del entorno natural, donde el «acero vegetal» sostiene un tejado monumental frente a la serenidad del agua. El Pabellón Zeri es la síntesis perfecta entre arquitectura y paisaje, invitando a la contemplación bajo la sombra de la ingeniería colombiana.