«El rey Juan Carlos I y la reina Sofía recibieron, durante su histórica visita a Cartagena en 1976, un presente simbólico del Nobel Gabriel García Márquez. Este encuentro selló un vínculo cultural inolvidable entre la monarquía española y el máximo exponente del realismo mágico».
Yo apenas era un niño que ese día cumplía ocho años, cuando el recién coronado rey Juan Carlos de Borbón visitó el 12 de octubre de 1976 Cartagena, con ocasión del día de la hispanidad. Nuevamente regresaría el monarca en 1990, para recibir el título de alcalde honorario de esa ciudad, circunstancia que desconocía, o, que por lo menos, ya la había borrado de la memoria, por ser una acción pintoresca, de esas que aquí se llaman «alcaldadas».
Cincuenta años después de esa visita real, ahora las excolonias de Inglaterra reciben al monarca Carlos III, para conmemorar los 250 años de su independencia. Llega con ello otro episodio a mi memoria, la televisión aún era en blanco y negro; el presidente norteamericano era Jimmy Carter y, junto con mi familia vimos unas bellas carrozas, supongo que llenas de colorido y, mi padre dijo: Seguramente en el 2010 (sonaba muy lejos), cuando Colombia cumpla doscientos años, tendremos unas carrozas y comparsas conocidas… sin comentario.
Carlos III y su esposa, la reina Camila, llegaron a la Casa Blanca y, en su discurso dijo: «En ambos países, es precisamente el hecho de nuestras sociedades vibrantes, diversas y libres lo que nos da nuestra fuerza colectiva, incluso para apoyar a las víctimas de algunos de los males que, tan trágicamente, existen en ambas sociedades hoy», señaló el rey.
Para muchos, el decir entre otras esas palabras, sin mencionar a las víctimas de Epstein, allí presentes, fue muestra de que poco o nada le importan esos episodios, en los cuales, incluso está vinculado su hermano, el expríncipe Andrés.
Para otros, eran temas internos sobre los cuales ya se había pronunciado y que no quería, dentro del rígido protocolo británico, incluir en su discurso, para centrarse en el «inquebrantable» vínculo entre los estados Unidos y el Reino Unido, como lo hizo ante el Congreso estadounidense, reunido en sesión conjunta, donde expresó solidaridad con los hechos del sábado anterior en la cena de la Asociación de Prensa: «Estamos unidos en nuestro compromiso de defender la democracia, de proteger a toda nuestra gente del daño y de rendir homenaje al valor de quienes a diario arriesgan sus vidas al servicio de nuestros países».
Pero, el eje central de la visita a las excolonias será la cena de gran gala, ofrecida en la Casa Blanca el martes 28 de abril, un día poco común para fiestas, fecha en la cual, el código de vestimenta reflejará la importancia de la visita, pues desde 2007, no se realiza una recepción con ese protocolo, precisamente en 2007, cuando Isabel II visitó a George y Barbara Bush. Es importante para Londres, reforzar en esta cena la relación especial con Washington en un momento de tensiones entre Trump y el Gobierno laborista de Keir Starmer, por su oposición a la guerra, así como por las políticas de inmigración y energía de su gobierno.
