A pesar de 64 años de bloqueos y campañas de desprestigio, Cuba mantiene su resistencia histórica frente a las presiones externas. La reciente declaración de Trump la califica como una amenaza inusual, intensificando la larga tensión política con Estados Unidos.
El porce
Trump se parece cada vez más a Hitler. Repitiendo lo que el sátrapa alemán hizo antes de invadir a los Sudetes, nos hace sentir ahora como inminente la invasión de Estados Unidos a Cuba.
Lo de Persia y el estrecho de Ormuz no nos tocó sino tangencialmente, pero de meter baza en Cuba puede poner en calzas prietas al presidente Petro y a su gobierno y obligar a los desteñidos candidatos presidenciales a tomar posiciones.
No es exageración electoral. En muchas décadas la situación entre los gringos y La Habana no había llegado a ser tan tensa como ahora.
Estamos presenciando una campaña de presión de Estados Unidos contra Cuba que ya sobrepasa las exageraciones del boquisuelto de Trump.
No solamente es legal, pues han decretado ene mil prohibiciones para ahorcar la isla, sino que es el mismo esquema repetido de Hitler y del propio Trump .
Ambos dan pasos primero a negociaciones presuntamente secretas pero que luego se filtran. Al mismo tiempo caen cascadas de retórica bélica desde Washington y por las vías torcidas nos hacen saber que Rubio, el descendiente de cubanos y secretario de Estado de Trump ha estado hablando con la tercera generación de los Castros ,los impunes dueños de la isla y de la voluntad de los cubanos desde hace 67 años.
El sábado, empero, el asunto se complicó no porque el bocazas de Trump hubiese dado una orden de invasión formal sino porque habló de traer el portaviones Lincoln del Golfo Pérsico y de que su gobierno se tomaría la administración de Cuba.
Y de resultar cierto y no solo táctica de negociación, nadie se atreve a pensar cual sería la actitud de Colombia, del gobierno Petro y de su candidato presidencial ,el senador Cepeda.
Y, lo que puede ser peor,de pronto esa invasión a Cuba se volvería el plátano verde que le faltaba al sancocho electoral donde Uribe y Petro nos metieron por enésima vez a dirimirles sus orgullos.
