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Farida Loudaya: UNA EMBAJADORA CON ALMA COLOMBIANA

Farida Loudaya, embajadora del Reino de Marruecos y Colombia

 

 

 

Víctor Hugo Lucero Montenegro

Primicia Diario

La trayectoria de Farida Loudaya en Colombia trasciende el protocolo. Tras ocho  años de misión, la diplomática marroquí ha logrado elevar la relación bilateral a su punto más alto, consolidando acuerdos en economía, educación y artes. Su éxito radica en una premisa simple pero poderosa: la cercanía humana. Desde los sectores más humildes hasta la Casa de Nariño, Loudaya ha cultivado un afecto transversal que la ha llevado a ser reconocida por los medios como la mejor diplomática extranjera en el país.

El espejo de dos naciones

Para la embajadora, Marruecos y Colombia comparten una esencia común que la geografía no logra separar. En sus propias palabras, la hospitalidad y la calidez son los puentes invisibles entre Rabat y Bogotá:

«Desde que pisé el suelo de este bendito país, siempre he sido recibida con los brazos abiertos y le puedo decir que me siento como en casa. Pude comprobar que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa».

Una geografía que enamora

Loudaya describe a Colombia como un «país de regiones», una pluralidad que le recuerda a su propia tierra. En su relato, destaca con admiración:

El espectáculo cotidiano de ver colibríes en medio del concreto bogotano y la vitalidad de sus calles.

Desde la policromía de Caño Cristales y el patrimonio cafetero hasta el encanto colonial de Cartagena y la inmensidad de los Llanos.

El alto nivel cultural de la población y un insaciable deseo de superación.

Legado y proyección

Bajo su liderazgo, la cooperación académica ha tomado un impulso renovado. La firma de acuerdos entre la Universidad Internacional de Rabat y prestigiosas instituciones como la Universidad del Rosario y la Universidad de Medellín busca que las futuras generaciones de África y América Latina se miren de frente.

Al final de la entrevista, la embajadora reflexiona sobre su permanencia en el país con una mezcla de gratitud y realismo diplomático: «Los diplomáticos acostumbramos a tener la maleta siempre lista, pero mientras dure mi misión, seguiré trabajando para que nuestras naciones sigan cosechando beneficios mutuos».

Farida Loudaya no solo representa a un Reino; se ha convertido en un puente viviente entre dos continentes que hoy se sienten un poco más cerca.