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Choque institucional: EL DEBATE FISCAL QUE EXPONE LAS COSTURAS POLÎTICAS DE LA CONTRALORÎA

A pesar del respaldo del Gobierno para su elección, el contralor Carlos Hernán Rodríguez se alineó con la oposición emitiendo conceptos financieros erróneos. Esto evidencia que la Contraloría carece de idoneidad técnica en materia económica y funciona hoy como un organismo donde prima la politiquería.

 

 

Gentil Varona Dîaz 

Económicas 

El panorama económico colombiano se ha convertido en el escenario de una intensa batalla de narrativas. Detrás del cruce de acusaciones entre la Casa de Nariño y la Contraloría General de la República por el manejo de la deuda pública —que tiene en la mira al ministro de Hacienda, Germán Ávila Plazas—, se esconde una discusión mucho más profunda: la alarmante falta de idoneidad técnica en los organismos de control, históricamente colonizados por el clientelismo.

Cuando el presidente Gustavo Petro lanzó su contundente dardo en redes sociales —«Increíble, a la Contraloría le faltan economistas»—, no solo defendió una estrategia financiera; puso el dedo en la llaga de una realidad institucional inocultable. Para diversos analistas, el ente dirigido por Carlos Hernán Rodríguez adolece de un cuerpo de asesores económicos de primer nivel, debido a que la gran mayoría de sus plazas y cargos directivos operan como cuotas políticas distribuidas entre congresistas y directorios de los partidos tradicionales.

Esta falta de rigor técnico es la que, según el Gobierno, lleva a la Contraloría a confundir dinámicas básicas de la banca central con supuestas fallas disciplinarias.

El ABC económico que desata la discordia

La defensa del Ministerio de Hacienda se sostiene sobre principios de economía elemental que, a juicio del Ejecutivo, parecen ajenos a los auditores del organismo de control:

El efecto dominó de las tasas: Cualquier analista financiero comprende que si el Banco de la República eleva las tasas de interés para contener la inflación, el costo del endeudamiento interno del Gobierno (a través de los Títulos de Tesorería, TES) sube de forma automática. Culpar al Ministerio de Hacienda por este encarecimiento es desconocer el abc de la política monetaria.

La estrategia del prepago: La Casa de Nariño argumenta que la emisión actual de deuda busca oxígeno financiero. El plan consiste en captar recursos ahora para, tan pronto como las tasas comiencen su senda de descenso, «prepagar la deuda cara con deuda barata», mitigando el impacto fiscal a mediano plazo.

Interferencia y politización: Desde el Gobierno se percibe el hallazgo de la Contraloría no como un examen técnico, sino como un intento de los sectores políticos tradicionales —atrincherados en el ente de control— para «disciplinar» y bloquear la ejecución de las políticas macroeconómicas de la administración de turno.

 ¿Técnica o libreto político?

Por su parte, el contralor Carlos Hernán Rodríguez ha salido a blindar la gestión de su entidad reafirmando las alertas fiscales. Sin embargo, en los pasillos de la discusión pública se cuestiona si sus argumentos responden a un análisis macroeconómico riguroso o al libreto de la oposición legislativa:

Desfase en el recaudo y gasto: La Contraloría insiste en que el Ejecutivo no ha ajustado el gasto público a la realidad fiscal, señalando que los ingresos tributarios presupuestados han superado sistemáticamente el recaudo real efectivo, lo que amplía el déficit.

Presión de caja: El organismo encendió las alarmas sobre pasivos exigibles a corto plazo, como las contingencias judiciales ejecutoriadas (que suman unos $17 billones de pesos) y las deudas acumuladas en los sectores de salud y subsidios eléctricos.

Freno a las reformas: En una postura que muchos consideran de corte netamente político y colegislador, el Contralor supeditó el aval a nuevas leyes de financiamiento a que el Gobierno aplique primero un severo plan de ajuste fiscal.

Mercado financiero

Más allá de la idoneidad de los fiscalizadores, los números del contexto técnico son complejos. Pocos días antes de este choque, el Ministerio de Hacienda colocó $6 billones de pesos en TES. La preocupación real del mercado radica en que la tasa ponderada de la subasta alcanzó el 14,46%, y los bonos con vencimiento a 2030 llegaron a negociarse al 14,79%, las cifras más altas del periodo presidencial vigente.

La paradoja fiscal: Mientras la economía colombiana avanza a un ritmo modesto de alrededor del 1,7%, el Estado se ve obligado a financiarse a tasas cercanas al 15%. Este diferencial reduce drásticamente el margen para la inversión social y la infraestructura.

El debate sigue abierto, pero deja una lección de fondo: la discusión sobre la estabilidad financiera del país no puede seguir en manos de un organismo de control cuya nómina responde más a los favores políticos del Congreso que a los méritos de la ciencia económica.