Flor Vargas,figura clave de la televisión colombiana y pionera de la radio y el teatro, recientemente había enfrentado dificultades económicas y de salud.
Murió Flor Vargas, actriz recordada por ‘Los Victorinos’,entre otras muchas más obras.
Ricardo Bicenty
Espectáculo
La historia de Flor Vargas es, en realidad, la crónica de una de las leyendas más entrañables de la actuación colombiana. Aunque el imaginario popular a veces asocia su nombre al canto debido a su imponente manejo de la voz y a la musicalidad de su declamación en el teatro, el verdadero escenario de su vida fue la televisión, el cine y las tablas.
Su partida, ocurrida el 13 de junio de 2026 a los 98 años de edad, cerró un capítulo dorado del arte en Colombia, dejando tras de sí un relato de inmenso talento, profundos dolores familiares y una resiliencia inquebrantable.
El Nacimiento de una Primera Actriz
Flor María Vargas Buitrago nació en Bogotá el 24 de mayo de 1928. Su viaje en el mundo del espectáculo comenzó formalmente a principios de la década de 1970, consolidándose como una de las pioneras de la televisión nacional.
Poseedora de una belleza clásica y una fuerza escénica singular, Flor Vargas no tardó en ganarse el respeto de directores y compañeros de gremio. Durante más de cincuenta años, su rostro estuvo ligado a producciones que marcaron la historia de la pantalla chica en Colombia, extendiendo su carrera hasta mediados de la década de 2010, cuando participó en la producción «Laura, la santa colombiana».
Su vida personal estuvo unida a la del también actor Manuel Cabral, con quien formó un hogar marcado por el amor al arte. Sin embargo, la vida fuera de los focos le reservaba sus libretos más difíciles.
Las Pruebas del Destino
Detrás de su eterna sonrisa y su impecable profesionalismo, Flor Vargas escondía el dolor más grande que puede afrontar una madre: la pérdida de sus hijos.
Su hijo, Manuel Cabral Vargas, quien también siguió los pasos de sus padres en el mundo artístico y de la locución, falleció de manera prematura en 2010 debido a complicaciones de salud relacionadas con una enfermedad renal. Esta pérdida dejó un vacío devastador en la actriz, quien en repetidas entrevistas —como en el sensible relato que ofreció al programa «Se dice de mí»— confesó cómo la ausencia de su hijo marcó un antes y un después en su existencia.
Años más tarde, las dificultades de salud de su hija Cecilia Cabral la llevaron a tomar la difícil decisión de alejarse definitivamente de la televisión para dedicarse en cuerpo y alma a su cuidado, demostrando que su rol más importante siempre fue el de madre.
En sus últimos años, la actriz enfrentó con entereza las complejidades de la vejez, incluyendo limitaciones económicas y afecciones físicas como el glaucoma y problemas de movilidad. Quienes la visitaban en su madurez destacaban que, a pesar de vivir con una pensión mínima y afrontar la soledad del retiro, su lucidez, su gratitud con el público colombiano y su lema de «es mejor reír que llorar» permanecieron intactos.
La Despedida de una Maestra
El desenlace de su larga y fructífera vida llegó en Bogotá, la misma ciudad que la vio nacer. Tras batallar de manera discreta con los quebrantos de salud propios de su avanzada edad, su corazón se apagó a los 98 años.
La noticia de su fallecimiento provocó una profunda ola de nostalgia en el gremio de actores colombianos. Figuras de la televisión y el teatro la despidieron recordándola no solo como una maestra de la actuación, sino como un ejemplo de dignidad ante la adversidad.
«El arte nacional le dice adiós a una maestra cuya inquebrantable calidad humana y valentía superaban cualquier escenario. Flor, tu voz y tu legado actoral vivirán por siempre».
Flor Vargas se marchó dejando el recuerdo de una época en la que actuar era un oficio de artesanos, y demostrando que la verdadera grandeza de un artista no solo se mide por los aplausos en el escenario, sino por la entereza con la que se camina cuando el telón de la vida se cae.
Detrás de su eterna sonrisa y su impecable profesionalismo, Flor Vargas escondía el dolor más grande que puede afrontar una madre: la pérdida de sus hijos.