El Instituto Nacional de Salud (INS) reportó 3.091 casos de infecciones asociadas a procedimientos médico-quirúrgicos en Colombia entre enero y septiembre de 2025.
Bogotá
Salir del quirófano es apenas la mitad del camino; la verdadera batalla contra las infecciones se traslada al hogar. Con el propósito de mitigar los riesgos posoperatorios, expertos en salud pública y especialistas académicas han trazado una hoja de ruta con las pautas esenciales para garantizar una recuperación segura en casa.
La magnitud del problema no es menor. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las infecciones del sitio quirúrgico afectan al 11% de los pacientes en países de ingresos bajos y medianos. El panorama local refleja una urgencia similar: el Instituto Nacional de Salud (INS) reportó 3.091 casos de infecciones asociadas a procedimientos médico-quirúrgicos en Colombia entre enero y septiembre de 2025. Ante este escenario, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que la ventana de riesgo es crítica durante los primeros 30 días posteriores a la cirugía.
El rol de la familia
Carolina Guayán, docente de Instrumentación Quirúrgica de Areandina (sede Bogotá), enfatiza que el entorno familiar y el propio paciente deben asumir un rol activo de vigilancia para detectar tempranamente cualquier anomalía, ya que el cuidado doméstico define el éxito del procedimiento.
Para evaluar la evolución de la incisión de manera sencilla, los especialistas sugieren una regla nemotécnica clara: «lo normal baja como una escalera y lo anormal sube». Bajo esta premisa, un proceso evolutivo favorable implica la disminución progresiva del dolor, una inflamación leve con enrojecimiento limitado a los bordes y una pequeña cantidad de líquido claro. Por el contrario, se debe encender la alarma si se presenta un aumento del dolor o sensación pulsátil, calor local marcado, enrojecimiento que se extiende, o una secreción espesa con presencia de pus o mal olor.
Señales de alerta urgente
La manifestación de síntomas severos sugiere que la infección podría estar avanzando hacia tejidos profundos o derivando en una complicación sistémica. Los expertos coinciden en que se debe exigir atención médica inmediata ante una fiebre persistente mayor a 38 °C (con o sin escalofríos), la apertura de los bordes de la herida, un dolor nuevo o incapacitante, y un deterioro notable del estado general del paciente.
Esta fiscalización diaria debe ser todavía más exhaustiva en perfiles clínicos con alta susceptibilidad a complicaciones. Entre las poblaciones con mayor vulnerabilidad se encuentran los pacientes con diabetes mal controlada u obesidad, personas con tabaquismo activo, cuadros de inmunosupresión, pacientes bajo uso prolongado de corticoides o aquellos que han sido sometidos a cirugías de larga duración, superiores a las dos horas.
Buenas prácticas frente a errores comunes
El éxito de la recuperación radica en un protocolo doméstico estricto. Las prácticas recomendadas incluyen una higiene rigurosa mediante el lavado de manos antes y después de tener contacto con la zona quirúrgica, mantener la incisión completamente limpia y seca, y cambiar los apósitos o gasas siguiendo estrictamente las instrucciones del cuerpo médico.
En contraposición, los especialistas instan a erradicar errores frecuentes que suelen agravar los cuadros clínicos. Entre ellos destacan la manipulación innecesaria —como tocar la herida de forma repetitiva con el pretexto de «revisar» su estado—, la automedicación con antibióticos o analgésicos sin criterio profesional, y el uso de sustancias no autorizadas como pomadas o remedios caseros, los cuales pueden enmascarar los síntomas o empeorar la gravedad de la infección.