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Cielo de América: LA VOZ DE LA TIERRA BELUMBRENSE QUE CONQUISTÓ LOS ESCENARIOS DEL MUNDOI

Cielo de América, la voz «belumbrense» que transformó la adversidad del asfalto en melodía. Su historia, marcada por la temprana pérdida de su padre y años de duro sacrificio en Manizales, brilla hoy en un firmamento musical que no conoce fronteras.

 

 

Primicia Diario

Faràndula 

Hay nombres que se cargan como un destino, y el de Cielo de América es, sin duda, un firmamento musical que no conoce fronteras. Nacida bajo el cielo risaraldense, su historia es la de una mujer que transformó la adversidad en melodía y que hoy, con la misma emoción de sus primeros días, presenta «Algo se me va», una joya del repertorio tropical firmada por Francisco Fortunato Silva y el maestro Edmundo Arias.

Para Cielo, cada entrevista es una oportunidad de volver a sus raíces. Cuando los cronistas le preguntan con curiosidad por el gentilicio de Belén de Umbría, su tierra natal, ella dibuja una sonrisa y responde con orgullo: «belumbrense». Sin embargo, el camino hacia los grandes escenarios no estuvo libre de espinas. En plena adolescencia, la trágica muerte de su padre —un dragoneante de la policía— truncó sus planes juveniles. La necesidad la empujó a Manizales junto a su hermano, donde el asfalto les enseñó de sacrificios: «Hicimos casi de todo: mensajeros, meseros y hasta lavamos carros», evoca la artista sobre aquellos años de supervivencia.

Pero el destino tiene sus propios acordes. Un día cualquiera, el eco de una orquesta ensayando en una calle manizalita la detuvo en seco. El director, atraído por su estampa, la invitó a cantar. Ese instante fortuito encendió una mecha que ya no se apagaría; tras tres años con ellos, saltó a los boleros, los mariachis y cuanto conjunto requiriera su potente voz. Su talento pronto llamó la atención del periodista Fernando Torres Trujillo, quien la impulsó en Todelar y la catapultó a representar a Caldas en «La Nueva Estrella de las canciones» de Jorge Barón Televisión. «Esa fue mi puerta para ingresar al mundo discográfico y obtener las primeras invitaciones para estar en conciertos con figuras de la canción», recuerda Cielo.

Bogotá la adoptó de inmediato. Sus noches se encendieron en los principales centros nocturnos de la capital y sus días transcurrieron recorriendo las Ferias y Fiestas de decenas de municipios, compartiendo tarima con el naciente firmamento popular. El verdadero punto de inflexión llegó en los estudios de Ciudad de México: allí grabó su álbum debut, «Un Poco Más», cobijada por el mítico Mariachi Vargas de Tecalitlán, el Mariachi América y músicos de la Sinfónica de México. Ese disco partió su historia en dos.

A partir de ahí, la industria se rindió a sus pies. Firmó con gigantes como CBS, EMI y Sonolux, construyendo un catálogo colosal de más de 120 canciones. La radio devoraba sus éxitos: «Una Copa de Champán», «Triste Recuerdo» y «Regalo Pobre» se convirtieron en himnos populares. Pronto, su nombre brillaba en los mismos afiches que Vicente Fernández, Rocío Dúrcal, Roberto Carlos y Darío Gómez.

Aunque la violencia del país y el deseo de conquistar nuevos horizontes la obligaron a mudarse a los Estados Unidos —desde donde ha girado por Miami, Nueva York y Canadá—, su alma jamás se desconectó de Colombia. Fiel a esa nostalgia, hoy brilla con el lanzamiento de «Algo se me va», una canción vestida de «Tropimariachi» (un género de su propia autoría) que promete encender las fiestas decembrinas. Respecto a este lanzamiento, la diva belumbrense confiesa: «Es una versión que llevo en mi corazón porque me recuerda a Colombia, a la alegría de los amantes de la música tropical y que nos lleva a una nostalgia muy especial para fin de año».

Cielo de América sigue demostrando que el tiempo solo afina las grandes voces. Con su autenticidad intacta y una pasión incombustible, la gran señora de la música popular continúa llevando el orgullo de su pueblo a los escenarios más importantes del planeta.

Bogotá y los grandes estudios de México marcaron el despegue de su carrera, grabando su álbum debut junto al mítico Mariachi Vargas de Tecalitlán. Consagrada por gigantes discográficos, construyó un colosal catálogo de más de 120 éxitos populares que la llevaron a compartir escenarios con leyendas mundiales.