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Crónica del terremoto de magnitud 7,4 en Colombia: LA MAÑANA EN QUE CRUJIÓ LA TIERRA

El rescate de los sobrevivientes 

 

Pereira, Manizales, Armenia e Ibagué

Primicia Diario

Eran las 7:34 de la mañana. En el municipio de San José del Palmar, un rincón agrícola en la selva del Chocó que hasta el fin de semana resistía la sequía y el asedio de la violencia armada, la rutina matutina se disolvió en un rugido sordo. A 103 kilómetros de profundidad, el sistema de fallas Garrapatas-Dabeiba liberó en segundos la tensión que la tierra venía acumulando durante casi un siglo. El sacudón, con una magnitud de 7,4 y una duración desgarradora cercana a los cuatro minutos, sacudió el centro y el occidente de Colombia con una violencia inédita en lo que va del siglo XXI.

En Pereira, el estruendo del concreto al fracturarse acalló el tráfico matutino. Ciudadanos paralizados vieron venirse abajo estructuras de la ciudad, mientras los socorristas, impulsados más por el instinto que por el orden, empezaban a remover escombros con las manos desnudas en busca de señales de vida. A pocos kilómetros, la postal histórica de Manizales se alteró para siempre: la parte alta de la Catedral Basílica se desplomó en una nube de polvo gris que cubrió las calles del centro.

El latigazo telúrico viajó por la cordillera y resonó en doce departamentos. En Quibdó, las calles se llenaron de llanto e incertidumbre; en Armenia, Ibagué, Quimbaya y Cali, las fachadas crujieron y las líneas de comunicación se cortaron de golpe, dejando a comunidades enteras a la sombra del desamparo.

Sorprendentemente, en el propio epicentro de San José del Palmar ocurrió un milagro paradójico. Pese a que 20 viviendas quedaron destruidas, la fragilidad de sus casas de un solo piso evitó una tragedia de pérdidas humanas en el caserío. Sin embargo, la brecha de infraestructura de la región mostró su rostro más duro: con el único corredor vial bloqueado por gigantescos derrumbes y el Chocó sin capacidad hospitalaria para atender a más de un centenar de heridos, las autoridades en Medellín debieron declarar la alerta roja hospitalaria para recibir los traslados aéreos de emergencia.

Al caer la noche, la cifra provisional superaba los 132 fallecidos y más de 500 heridos. Mientras las réplicas continúan sacudiendo de a poco el terreno, la población intenta asimilar lo ocurrido entre sirenas, polvo y el crujido persistente de los escombros, recordando que la geografía colombiana guarda bajo el suelo un pulso imprevisto capaz de cambiar la historia en cuatro minutos.

Solidaridad 

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Sobre los escombros