El presidente de la Republica de Uruguay José Mujica, un ejemplo de humildad
Alberto Martínez J
Montevideo
Primicia
«Yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico», así se pronuncia el presidente de la Republica de Uruguay José Mujica, quien con un comportamiento humilde y sin ostentación alguna dirige un país.
Dona el 90% de su sueldo para caridad y según su última declaración de bienes tiene con Topolansky un patrimonio de unos US$200 mil: la chacra, dos viejos autos Volkswagen «escarabajo» y tres tractores.
Es un estilo de vida que no ha pasado desapercibido en la prensa internacional y las redes sociales, que lo han llamado el «presidente más pobre del mundo». Ha dado la vuelta al mundo por promover un proyecto de ley que permitiría al Estado uruguayo producir y vender marihuana.
«Quiero tener tiempo para dedicarlo a las cosas que me motivan. Y si tuviera muchas cosas tendría que ocuparme de atenderlas y no podría hacer lo que realmente me gusta. Esa es la verdadera libertad, la austeridad, el consumir poco. La casa pequeña, para poder dedicar el tiempo a lo que verdaderamente disfruto. Si no, tendría que tener una empleada y ya tendría una interventora dentro de la casa. Y si tengo muchas cosas me tengo que dedicar a cuidarlas para que no me las lleven. No, con tres piecitas me alcanza. Les pasamos la escoba entre la vieja y yo; y ya, se acabó. Entonces sí tenemos tiempo para lo que realmente nos entusiasma. No somos pobres», anota el mandatario que ha sido catalogado como el más humilde del planeta.