Destacadas, Opinión

PROFESIÓN PELIGRO

 

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Fred Emiro Núñez Cruz

Columnista

Primicia

Fredemiro57@hotmail.com

Los periodistas colombianos cerramos una semana con la celebración de una fecha que exalta esta noble profesión hecha un simple oficio, por la inspiración del brillante Carlos Gaviria Díaz, que no por eso dejo de admirarlo, pero que hirió mortalmente a empíricos y graduados que como soñadores anhelábamos a través de ella tener vidas dignas, nunca de hambre o de afanes.

La historia plasmó para siempre el nombre del maestro Yamid Amat ingenioso, talentoso, creativo y mal humorado; este boyacense fue el responsable de dignificar a los periodistas con emolumentos representativos dando de paso estatus a cada uno de ellos, lamentablemente el grueso del colectivo tan amplio como variado  no corrió la misma suerte; con el paso de los años el privilegio recae en unos pocos, obviamente geniales, mientras que la mayoría declinó la preparación universitaria porque da lo mismo tener un cartón que no portarlo para acceder a un trabajo, como es igual ser vigilante, aseador, conductor, lustrador estos oficios no marcan a diferencia con el comunicador que también lo es a la luz de la ley en el país del sagrado corazón.

Un hecho sin precedentes marcó diferencia en este 2013, por fortuna la idea nació en palacio y la concretó el presidente Juan Manuel Santos Calderón, redimiendo de paso la democracia, al resarcir el nombre de varios periodistas con agallas de pensar y actuar diferente, osados, defensores de los derechos humanos e investigadores hasta encontrar la verdad al precio que hasta el viernes pasado les costó ser calumniados, vituperados, desterrados, señalados, perseguidos y amenazados por decir lo menos. Aunque si bien es cierto la libertad de prensa en Colombia esta para la reparación, el acto presidencial revalúa los bien ganados pergaminos de muchos compatriotas más allá de las fronteras.

Hoy me ocupo de un caso en particular por cuestión de lealtad y admiración, me refiero al gerente de canal capital Hollman Morris aún hoy día perseguido hasta la saciedad por un procurador que por mucho que indague, estoy totalmente seguro, jamás encontrará motivo para disminuir a este libre pensador, defensor de los derechos humanos y pulcro manejador del recurso púbico. Debiera empeñarse este noble vigilante en investigar  la anterior administración del canal o los congresistas que en su mayoría lo reeligieron, decisión que les sirvió para disimular el cagadón de votar una reforma política contrecha y vulgar, hasta hoy no castigada.

En buen momento, como todo lo de DIOS, Yaneth, Hollman, Herbin y muchos nombres más de colombinos buenos hoy son considerados, por fin, como lo que siempre han sido, valiosos e ilustres. La justicia divina es cómplice absoluta de los que bien actúan, con la seguridad que todos continuarán haciendo esfuerzos comunes por purificar un oficio prostituido, enfermo pero esperando el antídoto de la salvación.