El epitafio es ese resumido mensaje que la familia de una persona muerta quiere colocar en la lápida, o también la petición que en vida hiciera sobre el particular el fallecido. Con amor, pena, llanto, y recordación, muchos se inspiran para escribir en pocas palabras todo lo que fue esa persona en lo humano, lo divino, las complicaciones o des complicaciones que tuvo.
Reinel Gutiérrez
Especial para Primicia
El epitafio tiene que decir que fue amoroso, alegre, divertido, rabioso, valiente, o temeroso.
Pero también en oportunidades, a los dolientes no se les ocurre algo concreto para anotar en ese último documento de identidad que es la lápida. Por ese motivo aquí les ofrecemos un paquete de opciones, para salir de la emergencia, tras el entierro del ser querido.
Estúdielas con cuidado, y mire si se ajustan a la personalidad del occiso: «Murió por no enviar un correo a quince personas», «Me voy pero volveré», «aquí estoy y aquí me quedo», «Yo no tuve la culpa», «Perdonen mis deudas», «Adiós vida ingrata”, «Tan bueno que era”, «Que Dios lo tenga a fuego lento», «Por fin llegué» , «Hasta aquí me trajo el río», «Ya no tengo afán», «Digan lo que digan», «Se llamaba», «Yo también tuve veinte años», «Déjenme dormir», «Que te vaya bonito», «Me desinflé», «Allá te espero», «Me fue mal», «No me importa el qué dirán», y «El vencido».
Si de este grupo no le parece ninguno, haga una pausa, tómese un tinto, y luego mire estas otras alternativas: «Que solo estoy», «Ahora hago dieta para rebajar de peso», «Ya no necesito escoltas», «Quería vivir 120 años», «Si pudiera huir», «Me aburre este lugar», «No llores por mí Argentina», «Parece que fue ayer».
« ¿Por qué ahora? », «Que murmuren» «Que te deje yo…que va» «Solamente una vez», «Te regalo mis ojos», «La vida, me duró toda la vida», «Aquí donde tú sabes», «Es la dura realidad», «Ayúdame Dios mío», «Fallaste corazón», «Inconsolable», «La vida me cambió» y «Que suerte la mía». Con todas estas alternativas se podrá solucionar la incertidumbre que surge en esos momentos de dolor.
Pero si ninguna define claramente al finadito, entonces escuche con cuidado, todo lo que la gente dice de él en la noche del velorio, en donde sale a relucir lo bueno que era.
De allí también puede sacar la frase clave para el epitafio, ese aviso que muchos leerán cuando van con flores al cementerio.