Acaba de aprobarse en el Congreso de la república por parte de las comisiones económicas conjuntas de las que hago parte, el presupuesto general de la nación para el año 2016 por un monto de 215,9 billones de pesos, sobre la forma en que se aprobó, queda manifestar que considero hace falta mucho más debate, un aspecto tan importante como este en donde se juega la inversión en cada región, no puede ser un asunto de afán gubernamental.
En esta columna, quiero referirme de manera estricta a lo que podríamos llamar comúnmente el «tumbe» que nos metió Juan Manuel Santos a nosotros los llaneros.
Para empezar, el sector de hidrocarburos, que representa el 64 % de la economía regional, pierde en el recién aprobado presupuesto de 1 billón pesos, lo que impactará directamente en la economía regional, que para mayor gravedad, la crisis del precio del petróleo ha castigado a la región con pérdidas en el empleo que se tasan por miles. De ahí la necesidad de no seguir siendo petroleodependientes, pero por el camino que vamos, no se ve muy prometedor.
En educación, la región de la Orinoquia pierde en inversión casi 93 mil millones de pesos, como lo manifesté ante los ministros del despacho en el congreso, ¿Así se logra la equidad y la educación?
En agricultura el país pierde el 50% del presupuesto al del año inmediatamente anterior, en igual proporción pierde sus partidas al región de la Orinoquia; La altillanura con 13,5 millones de hectáreas de las cuales 2,8 millones tienen vocación agrícola ¿Qué va a pasar?
Solo por mencionar un par de ejemplos: Para Junio de 2015 Casanare según datos del banco agrario presentó una reducción del 47 % en créditos agropecuarios pasando de 70.901 millones a 33.187 y ni hablar de Arauca, que su participación en créditos se redujo en el 51 % pasando de 23.362 millones a 11.920 millones.
En materia de Ciencia, tecnología e innovación, el presupuesto regional se reducirá en un 21 % con respecto al año 2015 afectando los programas de becas, jóvenes investigadores y fortalecimiento a centros de investigación que se supone seria la via a futuro para generar nuevas economías en la región que no dependieran del petróleo.
En conclusión, asistimos nuevamente a lo que era un resultado anunciado, y es el tremendo tumbe que le vuelve a dar el más incumplido y mentiroso de los presidentes de la historia de Colombia.
Queda la opción, de no volvernos a equivocar, y tratar de reivindicar a nuestra región permitiendo que en las próximas elecciones del mes de octubre elijamos mandatarios del Centro Democrático que no serán fuerzas de choque, sino gerentes que permitan a la Orinoquia defender ante un Gobierno Nacional indolente, lo que esta bella región merece.
