A pesar de recibir todos los días cifras «maquilladas», o manipuladas, que nos indican falsamente que Bogotá es una de las ciudades más seguras del país, la situación real es totalmente opuesta a la versión gubernamental que nos han querido presentar.
La falta de seguridad tiene origen en la situación social que a diario se agudiza en Bogotá y Colombia, donde más temprano que tarde explotará una grave crisis, que, seguramente, tocará fondo. Mientras tanto, las autoridades tratan de mentir todos los días al asegurar que la mayoría de los bogotanos ha salido de la pobreza y que cuentan con su respectivo empleo.
Falsos de toda falsedad son los argumentos esgrimidos por las autoridades distritales, que buscan desinformar a la comunidad escondiendo las realidades sociales que saltan a la vista. Familias enteras están viviendo en los andenes públicos, debajo de los puentes y otros espacios públicos.
Los robos, asaltos, extorsiones y toda clase de delitos se vienen incrementando en todos los sectores de Bogotá, sin una sola solución a la vista. La delincuencia está compuesta desde niños hasta ancianos, que han contribuido a la descomposición social como consecuencia del abandono de las autoridades, mientras los recursos multimillonarios se invierten en «estudios» «consultorías» y contratos que en vez de contrarrestar los males ayuda a agudizarlos.
En consecuencia, la situación social que vive Bogotá, en gran parte, se ocasiona en la corrupción, que busca por todos medios la consecución del dinero fácil, y ello origina la inseguridad en todos los niveles y sectores. Todos los habitantes de Bogotá hemos sido víctimas de la situación, que para nuestras flamantes autoridades pasa totalmente desapercibida y solamente se preocupan por la contratación y su «futuro» politiquero.
Bogotá debe ser un compromiso de todos. Todos tenemos la obligación de contribuir al rescate de la ciudad, que desde hace muchos años se encuentra en manos de politiqueros inescrupulosos, los cuales se aprovechan de los recursos económicos para «escriturarse» las curules del Concejo y las Juntas Administradoras Locales, incluyendo las Alcaldías locales y la Alcaldía Mayor.
Bogotá está en mora de salir de esa olla de la corrupción en que por tanto tiempo ha permanecido. Hay que rescatar a nuestra ciudad para que vuelva a ser el ejemplo de orden, desarrollo y progreso. Bogotá debe volver a ser la ciudad de las oportunidades para todos, no para un reducido grupo que conforma la delincuencia de la corrupción y el culpable del deterioro social, que ya tocó fondo.
