COLOMBIA SE RAJA EN DIPLOMACIA
Desde hace varios años Colombia ha tenido derrotas en serie, en aspectos internacionales que nos ubican como un país con funcionarios torpes en el manejo de las relaciones exteriores.
Sin embargo, a pesar de las derrotas no se aprenden las lecciones, pues se sigue insistiendo en torpezas que llevarán a seguras derrotas; a ellas ya nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes, diplomáticos y gubernamentales.
Esta falencia no es de ahora, es de hace muchos años cuando Colombia empezó a ser desmembrada como consecuencia del manejo arrodillado de la clase dirigente frente a los Estados Unidos, país ante el cual perdimos la joya de la corona: Panamá.
Posteriormente, vinieron más diferendos de los que Colombia siempre salió damnificado debido a la errada acción de nuestros diplomáticos; en que su mayoría ellos pertenecen a la clase política (desprestigiada y llena de errores), mientras los expertos en relaciones internacionales tienen que abandonar el país por falta de oportunidades.
El último caso fue el diferendo con Nicaragua, frente al cual los últimos tres Gobiernos fueron los culpables directos de la pérdida de una buena parte del mar Caribe. Es el caso del expresidente Álvaro Uribe, quien dijo que aceptaría el fallo de la Corte de La Haya, y una vez salió en contra, él propuso no acatarlo ni reconocerlo, con lo que se ocasionó que en el panorama internacional Colombia sea visto como un país sin seriedad jurídica ni diplomática.
Hoy, el Gobierno nacional está confundido y presionado por la oposición derechista, que reclama el rompimiento de relaciones con Venezuela, y que se le declare la guerra; se comprueba hasta la saciedad que no conocen nada del tema diplomático y por ello se vienen derrotas tras derrotas en la política internacional.
Ahora, en el conflicto fronterizo con Venezuela, el gobierno Santos determinó unirse con la oposición (que se opone a la paz), y seguir en una carrera de torpezas en el manejo de las relaciones exteriores. Por ello ya empezó a cosechar derrotas, como seguramente las seguirá encontrando en el camino por no contar con una política seria y responsable.
El tema de la frontera entre Venezuela y Colombia debe ser abordado directamente por sus autoridades, encabezadas por los presidentes Maduro y Santos. Ellos deben explorar las soluciones, cumplir con los compromisos; así, seguramente, se superará la confrontación que sería el peor de los errores de una equivocada política diplomática.
El Gobierno, en primer término, debe reconocer que ha sido incapaz de solucionar los problemas sociales que afectan al pueblo colombiano; y que buena parte de la gente pobre se ha visto en la necesidad de desplazarse a otros países vecinos, donde ha podido recibir la ayuda humanitaria necesaria, que le ha sido negada en su país de origen.
En esos casos debemos reconocer las culpas y proponer soluciones para cumplirlas, por cuanto los Gobiernos, desde hace muchos años en Colombia, se han caracterizado por incumplir los acuerdos internos y externos, lo cual nos ha echado encima la mala fama de faltos de seriedad.
Pero Colombia tiene la mala suerte de contar con un representante del Ministerio Público que más parece un pirómano que un procurador; a todo momento trata de incendiar y de buscar no se sabe qué a través de amenazas e intimidaciones contra los vecinos. Si el procurador tiene pruebas, que las ponga a consideración de la Corte Penal Internacional para que, finalmente, le den la razón, o que responda por su equivocación.
Vamos a ver si el Gobierno y la clase dirigente se siguen equivocando, o si rectifican para una solución ecuánime para todos.