Opinión

NOTA EDITORIAL:LA JUSTICIA EN EL BANQUILLO

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LA JUSTICIA EN EL BANQUILLO

Lo que hasta hace poco representaba la dignidad de la Justicia en Colombia, ahora es sinónimo de corrupción y composición de fallos amañados, que exigen de las partes la entrega de millonarios recursos económicos.

La Corte Constitucional se encuentra en el ojo del huracán, por los escándalos que se han generado  en el poco tiempo que lleva de vigencia, y su presidente tuvo que abandonar esa dignidad al ser sindicado de exigir multimillonarios pagos por fallos de tutela.

El Consejo Superior de la Judicatura, que ha sido la vergüenza de la Justicia, se caracteriza porque la mayoría de los magistrados han sido mencionados en escándalos que todavía no han logrado explicar.

En las otras Cortes también se habla de casos aislados en materia de  corrupción. Sin embargo, no se han podido tomar medidas drásticas, y, por el contrario, son exonerados por la inoperante «Comisión de absolución» (como ya se le dice), donde se mencionada que varios de sus integrantes, presuntamente, han recibido prebendas burocráticas a cambio de fallos absolutorios.

En Colombia está de moda  la expresión «La Justicia tocó fondo», pero todos los días estallan nuevos escándalos, que tienen a los representantes de la Justicia en el banquillo, y que los hace descender  al fondo del fango sin explicación coherente frente a los colombianos.

La Justicia está tan cuestionada en Colombia que ya se alzan las voces para revocar a los magistrados de las altas Cortes, en un esfuerzo por iniciar una limpieza en los despachos, que se han convertido en buena parte en sitios para transar los fallos.

Si ese es el ejemplo que está dando los magistrados de las altas Cortes, la imaginación nos hace pensar o suponer cómo serán los encargados de impartir Justicia en los sitios alejados, donde para no desentonar y seguir el ejemplo de los «padres de la Justicia», debe reinar la impunidad y la injusticia.

Es bueno que los colombianos empecemos a conocer la verdad que ha permanecido oculta en los despachos judiciales donde los colombianos de «ruana», son los únicos que reciben castigo, mientras que los delincuentes de cuello blanco se pasean orondos, sin vergüenza alguna y hasta altivos al indicar que han pagado jugosos honorarios por fallos que los beneficia.

Colombia debe tomar las medidas conducentes a evitar que la corrupción siga campante por los exquisitos despachos judiciales. Es bueno también que expliquen los magistrados los millonarios bienes que poseen, para saber si son fruto del trabajo y el estudio, o fruto de las andanzas que tanto se mencionan por parte de los profesionales del Derecho.

Pero si en las altas Cortes llueve, en las entidades de control, como la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía no escampa. También en esos despachos se han mencionado y denunciado casos de corrupción.

Colombia, que aspira a vivir en paz, solo lo logará cuando la Justicia sea justa y no se aplique según el postor. Colombia reclama una Asamblea Nacional Constituyente para reformar la Justicia con todas las de la ley, y no por el Congreso, que busca el beneficio de los privilegiados.

La Justicia hace rato tocó fondo y se sigue hundiendo.