Jeisson Romero Infante
Columnista
@Jei_Infante
A comienzos de esta semana se cumplieron los primeros 100 días de administración de gobernantes y alcaldes en todo el territorio nacional. Como consecuencia de esa rendición de cuentas de los mandatarios municipales, distritales y departamentales, salieron las siempre conocidas encuestas en las que se midió el porcentaje de la imagen favorable de los principales gobernantes. Cabe recordar que al alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa le fue como a los perros en misa, según reza el dicho popular.
Según la encuesta realizada por Gallup y publicada por el diario El Tiempo, a Peñalosa sólo el 35 % de bogotanos le aprueban la gestión realizada hasta el momento. Ya algunos defensores del alcalde han dicho que en 100 días es imposible una “Bogotá Mejor Para Todos” después de tres gobiernos de izquierda, es cierto; o que al momento de leer e interpretar una encuesta no se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría, cierto también. Pero el debate de fondo no es ese.
El alcalde Peñalosa aprovechó los primeros 100 días de su gobierno al frente de Bogotá para rendir cuentas (y de paso para dejar metidos a los citantes al debate en el Congreso sobre la Van der Hammen) y mostrar a través de un video que circuló y circula por redes sociales muy bonito y con una música de fondo que inspira, o pretende inspirar, esperanza. En dicho video se muestran cifras que se califican como “avances” en distintos aspectos de la ciudad. Probablemente las cifras que dio el alcalde como “avances” puede que sean ciertas, como puede que no; como siempre son afirmaciones vagas sin sustento alguno (no se encuentran cifras en la página de la Alcaldía Mayor de Bogotá).
Ha sido recurrente que el llamado “técnico” espete afirmaciones de toda índole sin ninguna base técnica que las sustenten. Que la reserva (Van der Hammen) es la única en el mundo que no tiene árboles y que solo son potreros o que el metro elevado es mejor que el subterráneo son solo un par de ejemplos de que el supuesto gerente y técnico que vendieron en campaña no es más que otro improvisador que ha llegado al Palacio de Liévano. La última perla fue la del supuesto doctorado que tenía el “doctor” Peñalosa en la Universidad Pantheón-Assas en Administración Pública, como se denunció en El Espectador.
Indiferentemente de que tenga o no un doctorado, dado que eso no necesariamente lo hace mejor o peor, lo que realmente se le critica al alcalde mayor es la falsedad en la “venta” de su imagen como “administrador” y “técnico” y, “Doctor en Administración Pública” que hizo y ha hecho él y todas las personas, incluyendo partidos políticos, en todas sus campañas políticas que promovieron su candidatura y posterior elección (léase Cambio Radical y Partido Conservador).
Así las cosas, cada día que pasa de Enrique Peñalosa al frente de la Alcaldía Mayor de Bogotá nos da la razón a los que no votamos por él, ni creímos y creemos que era y es el salvador que la ciudad necesitaba y que es el supuesto experto y técnico como lo gradúan sus seguidores. Lo que si espero es que Peñalosa deje su dogmatismo y férrea oposición a los debates y que al tomar las decisiones que debe tomar (todas importantes para el desarrollo de la ciudad) lo haga basado en estudios serios y no mirando el retrovisor y asegurando como lo hizo cuando defendió su idea de metro elevado, de que no hay estudio que lo sustente, pero creemos que hay muchas razones.
